24 de junio 2005 - 00:00

Reveladora muestra de Giancarlo Puppo

«El perro azul», una de las obras en las que Puppo aúnatransgresión, irreverencia y fantasía, así como también lo siniestrosin llegar nunca a provocar horror.
«El perro azul», una de las obras en las que Puppo aúna transgresión, irreverencia y fantasía, así como también lo siniestro sin llegar nunca a provocar horror.
En Giancarlo Puppo (1938), se aúnan el arquitecto, el dibujante eximio, el pintor que puede abordar distintas técnicas con maestría, el imaginero y hasta el arqueólogo. En un excelente montaje su obra se exhibe en el pabellón de muestras temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes. Se aúnan también lo transgresor, lo irreverente, la fantasía, y como ya lo señaláramos en reseñas de muestras anteriores, hasta algunas situaciones que rozan lo siniestro. Es el caso de su serie en la que el perro es protagonista: «El perro de Goya», «El coloquio de los perros», «El juramento de los perros alados», «El perro rojo», pero eso sí, Puppo nunca provoca una mueca de horror. Por el contrario, juega a que el espectador se convierta en cómplice de su mirada alerta y corrosiva.

Esta retrospectiva revela a un artista que también apela a la escritura como apoyo de su obra plástica. A propósito de ello, en el libro sobre Puppo, «Amorosas extrañas criaturas» publicado en 2001, el ensayista y crítico italiano Gino Dorfles señala que «este artista reinventa la cualidad narrativa que tuvo la pintura en su origen». Sus textos breves de gran agudeza, narran pasiones y perversiones y, como confesó en alguna ocasión, constituyen una suerte de autorretrato.
 
Puppo muestra sus primeros dibujos realizados en su infancia en Roma en los que se insinúa su vocación arquitectónica, mucho más tarde esa imagen será desarrollada con la solvencia de su quehacer, hay también pequeñas cerámicas y obras pertenecientes a las diversas series que ha reunido en actitud amorosa y que llega al contemplador. Clausura a principios de julio.

Hasta el 29 de junio inclusive se exhiben en Arcimboldo (Reconquista 761) obras en pequeño formato de Charlie Squirru, una figura clave entre los artistas de nuestros intensos años '60 que rodeaban al mítico crítico Jorge Romero Brest. Desde fines de esa década, su obra se ha visto esporádicamente, y a pesar de «no estar en el mercado», no ha dejado de estar en el mundo verdadero de la pintura, por eso es bienvenido su regreso.

La serie que presenta titulada «Momias», perfiles que se repiten, cerebros, manos, corazones, tiene un carácter siniestro y a su vez, llama a la realidad en cuanto a la finitud del ser humano. Estos fragmentos aparecen dibujados con nitidez pero los chorreados y manchas sucesivas va otorgando ese carácter de que «todo lo sólido se desvanece en el aire». Una suerte de disección, de radiografía del hombre que se resiste a perder su carnalidad y que confía , esperanzado, en la trascendencia de su espíritu. También se exhiben cuatro piezas realizadas en la década del '60: «Kennedy Asesinado» (abril 1963), una premonición que se hizo realidad y que se expuso por primera vez en el ICI en 1999, «La Sombra Húmeda», «La Matanza de los Inocentes», «La Maga Excitada» (1964).

• «Ciudades Invisibles»,
la actual muestra de Zulema Petruschansky en Galería Lagard (Suipacha 1216), permite comprobar cómo esta artista logra reunir exitosamente diversas técnicas gráficas. El soporte es un caos visual y esta expresión no es en absoluto peyorativa sino lo que se entiende como estructura, un hecho que la enriquece. Esta visión quebrada va de a poco revelando arquitecturas, fragmentos geométricos, líneas gestuales, la inclusión del collage y la fotografía digital en obras intensamente elaboradas.

Los elementos reunidos van configurando un paisaje que acusa los estímulos visuales a los que estamos sometidos pero que, a su vez, enfatiza la belleza arquitectural, eje de la imagen que fascina a esta excelente artista de la gráfica argentina. Clausura el 30 de junio.

• Walter Jac
elige para el catálogo de su muestra «Blanco/Negro-El amor de los opuestos», una frase de Carl Jung: «Quien mira hacia afuera, sueña. Quien mira hacia adentro, despierta». Efectivamente, es una mirada hacia el interior de la conciencia que se traduce visualmente en la presencia del ojo como uno de los elementos principales y es sabido que el acto de ver expresa una correspondencia a la acción espiritual y simboliza el acto de comprender. Dibujo barroco, a veces, resultado de un boceto previo, otras, de carácter automático, como un fluir de la conciencia. Elementos del Tarot, animales fabulosos de la iconografía medieval, entre ellos la serpiente, que el mismo Jung considera psicológicamente como síntoma de la angustia, están en estos dibujos cargados de simbología. Para «leerlos» se requiere una actitud introspectiva que está reñida con la urgencia de la inmediatez. Clausura el 2 de junio. Galería Suipacha ( Suipacha 1248).

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