14 de octubre 2005 - 00:00

Rigor y refinamiento para "Guillermo Tell"

La obra de Rossini tiene oficiantes ideales en todos sus rubros en la producción que ofreceLa Casa de la Opera de Buenos Aires, que dirige Adelaida Negri, que es también unade las notables protagonistas.
La obra de Rossini tiene oficiantes ideales en todos sus rubros en la producción que ofrece La Casa de la Opera de Buenos Aires, que dirige Adelaida Negri, que es también una de las notables protagonistas.
«Guillermo Tell». Melodrama trágico en cuatro actos. Lib.: E. De Jouy e H.L. Florente Bis. Trad.: C. Bassi. Mús.: G. Rossini. Direc. Mus.: G. Paganini. Régie: E. Casullo. Coro: J. Casasbellas. (Teatro Avenida. Repite: 14 y 16/10.)

"La Casa de la Opera de Buenos Aires", que dirige la soprano Adelaida Negri estrenó una nueva producción de la ópera en cuatro actos de Rossini, «Guillermo Tell». Basada en una pieza de Friedrich Schiller, la acción se desarrolla en Suiza alrededor del año 1300, y su asunto principal es la rivalidad entre el patriota Tell que organiza una rebelión contra la opresión de los Habsburgo, y el gobernador Gessler.

Con esta creación lírica Rossini intenta un nuevo estilo operístico, un poco alejado de toda su producción anterior. Hay en ella un fervor patriótico que lleva al pueblo a su liberación acompañando las acciones de libertador Tell, quien mata con un dardo a Gessler y logra la paz para su pueblo. Material adecuado para una amplia expansión lirica de filiación romántica, donde heroísmo y renunciamiento amoroso se unen, Rossini cambia los lineamientos de su estilo belcantista por una manera más sobria, de gran predicamento dramático, que como resultado lo lleva a dejar la composición operística, prolongado silencio que sólo es roto con esporádicas elaboraciones camarísticas o sinfónico corales.

Poner en escena «Guillermo Tell» implica un riesgo para todos sus responsables. Estrenada en la Opera de París en 1829, por sus procedimientos y por su lenguaje la obra se dirige a lo que más adelante se denominará «Grand ópera» con Meyerbeer a la cabeza. De ahí que sean esenciales un gran coro, cuerpo de baile, varios cantantes con grandes exigencias vocales y una extensa duración (aquí lleva con intervalos cuatro horas), para encarar esta última creación rossiniana. Un desafío que la Casa de la Opera sortea con talento y dedicación.

La régie de Eduardo Casullo hace que el coro y los solistas tuvieran un lúcido y coherente movimiento. Las proyecciones digitales a las que es adicto el régisseur argentino volvieron a solucionar los cambios escenográficos con metodología eficaz. El vestuario de Mariela Daga suma elementos para la ambientación. Una vigorosa y musical versión brinda Giorgio Paganini al frente de la Orquesta de la Casa de la Opera y logra un sólido ensamble en los numerosos concertantes con un muy eficaz trabajo del coro a las órdenes de Juan Casasbellas. Resulta difícil en estos tiempos lograr reunir un tenor, un barítono y una soprano acordes con las exigencias vocales múltiples que plantea Rossini desde el punto de vista musical y dramático. Eduardo Ayas, Leonardo López Linares y Adelaida Negri, junto a un extenso reparto, cumplen noblemente su labor aportando cada uno las condiciones que se les reconoce. La extensión del espectáculo no es un impedimento para que se articule un trabajo consciente, de plausible refinamiento y expresividad, ya que desde la famosa obertura hasta el concertante final todos ofrece lo mejor de sí para servir a este Rossini crepuscular.

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