Rubén Rada pasó de vivir con siete personas en una sola pieza a convertirse en uno de los grandes nombres de la música uruguaya. Nunca soñó con hacerse rico, pero una carrera de más de seis décadas terminó llevándolo a ganar millones de dólares y a vivir cambios difíciles de imaginar desde aquel rancho de Montevideo.
El "Negro" murió a los 83 años, después de una vida llena de vueltas, mudanzas y reinvenciones. Entre todas ellas hubo una especialmente dura: justo cuando uno de sus discos más exitosos empezaba a darle dinero, la crisis de 2001 le hizo perder medio millón de dólares de un día para otro.
Su sueño no era ser músico, pero una afección lo alejó del fútbol, su gran pasión.
Ministerio de Cultura de la Nación Argentina
La infancia en un rancho de Montevideo
Rada creció en un rancho de Montevideo donde siete personas compartían una sola habitación. Vivía con su madre Carmen, una tía, primos y hermanos, en una casa donde entraba agua cada vez que llegaba una tormenta.
Pasaba buena parte del día en la calle y solía sentarse en la vereda con un cuaderno para escribir. La música apareció temprano, aunque durante un tiempo tuvo otro sueño: quería ser futbolista.
La tuberculosis terminó con esa posibilidad. Había pasado dos años internado cuando era chico y, a los 15, una revisión médica encontró la marca que la enfermedad había dejado en uno de sus pulmones. Tuvo que abandonar el fútbol.
Muchos años después, Rada seguía hablando de aquella pobreza sin demasiadas vueltas. Decía que nunca había soñado con ser millonario: quería trabajar, tocar su música y ganarse la vida con eso.
De su infancia tampoco conservó demasiadas cosas. Durante 15 años durmió con una vieja camiseta blanca que había pertenecido a su madre porque era uno de los pocos recuerdos que le quedaban de ella.
El histórico artista uruguayo falleció a los 83 años a causa de un cuadro de neumonía.
Guillermo Rodriguez Adami
El éxito comercial de "Cha Cha Muchacha" y la alianza con Cachorro López
El gran salto popular llegó después de varios años viviendo en México. Allí empezó a sacarse de encima el rechazo que sentía hacia la música más comercial y descubrió que hacer canciones masivas no significaba necesariamente renunciar a lo que quería contar.
Volvió con "Cha Cha Muchacha" y "Muriendo de plena", pero todavía necesitaba encontrarles la forma definitiva. Entonces apareció Cachorro López. Rada fue bastante claro cuando se reunieron: la plata no alcanzaba y hasta el almacén había dejado de fiarle. Necesitaba que sus canciones llegaran a mucha más gente.
El productor aceptó trabajar con él, aunque le puso una condición insólita: que llevara los temas y no apareciera por el estudio. Conocía demasiado bien su tendencia a sumar voces, arreglos e ideas sobre la marcha. El propio Rada se reía años después al admitir que probablemente habría terminado cambiando todo.
De ese trabajo salió "Quién va a cantar", publicado en 2000. El disco se convirtió en uno de los mayores éxitos de su carrera y llevó "Cha Cha Muchacha" y "Muriendo de plena" a radios, televisión y escenarios de toda la región. Por fin había conseguido ese salto que durante años se le había escapado. El problema fue el momento.
El día que Fito Páez le confirmó la pérdida de su fortuna por la crisis de 2001
Mientras las canciones sonaban cada vez más y empezaban a llegar propuestas de todos lados, Argentina entró en la crisis económica de 2001. El éxito estaba ahí, pero cobrarlo era otra historia. El Negro se encontró entonces con Fito Páez y recibió la noticia de la manera más directa posible: "acabás de perder medio millón de dólares".
El golpe llegó justo cuando empezaba a ver los resultados económicos de "Quién va a cantar". Después de años contando cada peso y de haber buscado deliberadamente un disco más popular, una parte enorme de lo ganado quedó atrapada por el "corralito".
La historia tenía algo particularmente cruel para Rada. Había pasado buena parte de su carrera desconfiando del éxito comercial, finalmente se había animado a buscarlo y, cuando lo consiguió, apareció una de las peores crisis económicas de la Argentina.
Con el tiempo terminó contándolo con su humor habitual. El dinero se perdió, pero las canciones quedaron: "Muriendo de plena" siguió sonando durante años y sus temas terminaron llegando incluso a las tribunas de fútbol.
Quiénes heredarán su patrimonio
Rubén Rada tuvo tres hijos: Lucila, Matías y Julieta, y los tres eligieron caminos dentro de la música y el espectáculo.
Lucila Rada Vivanco desarrolló una carrera como cantante y actriz. Matías se convirtió en guitarrista, trabajó junto a su padre y también pasó por proyectos como los de Martín Buscaglia e Illya Kuryaki and the Valderramas. Julieta construyó su propio recorrido como solista y ganó el Grammy Latino a Mejor Nueva Artista.
La relación artística entre ellos fue creciendo con los años. Rada contaba que sus hijos le mostraban músicos nuevos, lo ayudaban con los shows y hasta le enseñaban aspectos de la industria y la tecnología que él reconocía no manejar demasiado bien.
También quedó música por salir. Antes de morir trabajaba en un proyecto junto a Los Auténticos Decadentes y había grabado canciones que todavía no habían sido publicadas. Por eso, Lucila, Matías y Julieta no solo aparecen como los herederos naturales de su patrimonio familiar. También tendrán un papel importante en el destino del material inédito y de una obra que el propio Negro siguió alimentando prácticamente hasta el final.