El bandoneonista ya había tocado en el Colón como solista de orquesta. Para Sin embargo, los músicos tenían (y hasta quedó en evidencia en algún momento del concierto) menos ganas de tocar juntos que el público de verlos en esa situación. Así, prácticamente sin referencias a
Con «popurrís» de folklore, tango o jazz,
Se notó una improvisación que, en su riesgo, entregó buenos momentos pero también otros más intrascendentes. Y el público respondió con aplausos respetuosos. El entusiasmo llegó sólo en el final, cuando aparecieron zambas y chacareras tocadas más abiertamente, sin los cortes melódicos y rítmicos con los que juega
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