30 de marzo 2004 - 00:00

Sanz ratificó que su fórmula rinde

Alejandro Sanz
Alejandro Sanz
«Gira No es lo Mismo». Actuación de Alejandro Sanz. (Estadio Vélez Sársfield, 27/3).

Es evidente que Alejandro Sanz «no es lo mismo» -parafraseándolo a él- que el resto de los baladistas latinos en vigencia. Sus canciones, románticas en su mayoría, aunque también escapa a veces hacia cuestiones sociales, cumplen con el requisito de ser fácilmente memorizables, pero no olvidan incluir permanentemente los elementos regionales de su tierra andaluza.

Los arreglos que acompañan sus composiciones cumplen con varias fórmulas, pero también se permiten los solos de gitarras flamencas, las palmas, el cante (aún en su propia voz).

La puesta es la de un enorme show internacional -impresionante, comparado con lo que se ha visto últimamente por aquí-, pero es capaz de conservar la intimidad de una sala de teatro a pesar de estar cantando frente a más de 30.000 personas.

Cae en la tentación de la demagogia que enloquece a sus fans -«por algo soy el presidente del club de fans de Buenos Aires», dijo en un momento del show-, pero mantiene la frescura de muchacho sencillo que enamora aún más a sus seguidoras.

Tiende a un lenguaje internacional que pueda ser cómodamente entendido en cualquier lugar de habla hispana, pero conserva su acento.

• Perfección

Su único concierto, frente a un Vélez colmado, no tuvo fisuras. Ni en su repertorio -que además de casi todo el disco nuevo «No es lo mismo» incluyó varios de sus viejos hits-, ni en su voz aguardentosa que es marca registrada, ni en la solvencia de una banda numerosa y áltamente profesional, ni en una puesta deslumbrante con una pantalla gigante en el fondo de escenario que hizo las veces de escenografía.

Y ahí se debate este español: entre hacer lo que le marca el mercado -algo que, por cierto, le da excelentes resultados-o lo que se le viene en gana; entre ser un cantante o sólo una cara bonita; entre conformarse con cumplir con los mandatos de la industria del espectáculo y del disco o romper para no dar la sensación de que ha vendido su alma al diablo; entre ser un producto o permitirse ser fundamentalmente un artista. En eso está.

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