«Gemelos» (Twins, EE.UU., 1988, habl. en inglés, subt. en inglés, chino, coreano, tailandés, portugués y español). Dir.: I. Reitman. Int.: A. Schwarzenegger, D. DeVito, K. Preston. AVH.
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Para quien decida evaluar la carrera de Arnold Schwarzenegger como actor, un recorrido somero por sus películas permite ver que el actual gobernador de California superó bien la etapa en que todo dependía de sus músculos. Como campeón el físicoculturismo, sus primeros pasos en Hollywood lo mostraron en papeles donde sus atributos se imponían por sobre lo demás, alcanzando cierto renombre con los films de «Conan», producidos por Dino de Laurentiis. En 1984, es «descubierto» por James Cameron, y con «Terminator» el actor se asoma a la fama mundial, instalándose a partir de allí como «héroe de acción», una máquina capaz de generar millones.
Con «Gemelos» emprende un nuevo camino, en el que se permite burlarse de sí mismo y de su físico representando a un musculoso bastante tonto y confiado -producto de un experimento genético-, que parte de su hogar paradisíaco para buscar a su hermano gemelo: Danny DeVito. Los hermanos se reencuentran y juntos descubrirán las similitudes que hay entre ellos, gracias a las peripecias que enfrentan, construyendo de paso una comedia sumamente efectiva. Sin embargo, lo más interesante de «Gemelos» es justamente su calidad de punto de partida para un Schwarzenegger diferente, capaz de reírse del arquetipo que la industria le tenía reservado. El punto culminante de esta etapa es «El último gran héroe», donde el hombre de acción se hace cargo de la ficción que es su vida y de la posibilidad de transformar lo que parece un destino inalterable. No es poca cosa resistir lo que el star-system le reserva a los exitosos de Hollywood.