“Esto es un espectáculo que pese a la crudeza alcanza para que público salga vibrante, es muy punk y vital. Eso que ocurre en el escenario nos refleja, hablamos de lo que no se puede hablar, poniendo el eje en el deseo de las actrices y público de romper con esos esquemas patriarcales”, dice la actriz chilena Patricia Rivadeneira, quien junto a Alexandra Von Hummel protagonizan en el Teatro Picadero la cuarta temporada de una versión de “Teoría King Kong”.
Se estrena "Una mujer llena de vicios", vibrante alegato donde no falta humor, rabia y contradicción
Patricia Rivadeneira y Alexandra Von Hummel protagonizan en el Teatro Picadero "Una mujer llena de vicios", que es una versión de “Teoría King Kong”. Las funciones serán el sábado y domingo.
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Patricia Rivadeneira y Alexandra Von Hummel en "Una mujer llena de vicios".
“Una mujer llena de vicios” surge de los testimonios de Virginie Despentes sobre su propia violación a los 17 años, su decisión de prostituirse, su dirección de películas pornográficas y más. La célebre francesa escribió un texto autobiográfico que con desparpajo e inteligencia revolucionó a la intelectualidad tras su publicación en 2006 tuvo aplaudidas versiones en Argentina dividida en monólogos. Las funciones serán el sábado y domingo. Conversamos con las actrices y gestoras del proyecto.
Periodista: ¿Qué fue lo que más les atrajo de encarar este texto enmarcado en el ensayo feminista Teoría King Kong?
Patricia Rivadeneira: Afrontar este ensayo fue abrir un mundo a un texto que marca un antes y un después. Giselle Pelicot nunca habría podido hacer ese juicio y ni lo que le pasó si no fuera por Teoría King Kong. Recordemos que en diciembre del año pasado un tribunal francés condenó a 51 hombres por la violación de Pelicot durante una década. Dominique Pericot, su esposo, recibió la pena máxima de 20 años por drogarla y facilitar los abusos. En total suman 441 años de prisión Cuando Despentes escribió este ensayo no existía la palabra femicidio.
Alexandra Von Hummel: El ensayo de la Despentes es personal, es una mujer que habla y que se refiere a otras. Le tomó mucho tiempo escribirlo, procesarlo. Por lo mismo decidimos ponerlo en dos cuerpos, dos actrices, que de alguna manera son la misma: la que fue, la que está siendo, la que será, y todo el ir y venir que eso implica, pues uno avanza, retrocede, vuelve a levantarse, a veces se duda, a veces se tiene certeza, por eso dos actrices para poner en el cuerpo aquellas contradicciones.
P.: ¿Cómo es poner el cuerpo a este texto?
P.R.: Es entrar en el texto porque para todas las mujeres es personal, la valentía de la autora de poner su experiencia en un modo concreto, descarnado, sincero. Rendirse frente a ese testimonio que fueron 30 años buscándose a si misma. La violación la desfigura y la constituye, además sus vivencias como la prostitución, el llamado que hace a las masculinidades y el mandato patriarcal son vitales.
A.V.H.: Yo creo en algo que llamo la inteligencia del deseo, desde ahí me muevo, nunca pensé en qué debíamos decir, sino en cómo poner en escena aquello que nos conmovió cuando leímos el ensayo. A veces nos preguntábamos cuánto nos podíamos emancipar del texto original, pero finalmente la única manera de ser fiel a un texto es ser fiel a la propia lectura. Cuando leemos cruzamos aquello que nos pasa con nuestras experiencias, tiempo histórico, sensibilidad, etc. Y quizás hacerle justicia a un ensayo tan personal es también atreverse poner en escena desde la propia lectura, siempre personal y que por lo demás es sólo una mirada entre muchas posibles.
P.: ¿Cómo construyen a Virgine Despentes, como la marcó aquel hecho traumático en su vida?
P.R.: Virgine es todas las mujeres. En el trabajo de investigación fueron apareciendo experiencias muy personales. Yo sufrí dos intentos de violación y más de una vez tuve relaciones sexuales no consentidas. Lo construimos poniendo nuestras propias experiencias comparándolas, reviviéndolas, recordándolas, haciéndolas aparecer.
P.: Son varias las obras , películas, y series que avanzan en el conflicto interno de aquellas que dudan si dieron el consentimiento a un amigo o pareja de tener una relación sexual, ¿Qué pueden decir al respecto?
P.R.: Fui presionada, obligada, no quería, es un conflicto que todas tenemos que afrontar pero junto a los hombres. Hay mandato a los nombres de ser depredadores sexuales, hay un dispositivo cultural preciso que predestina a las mujeres a gozar de la dominación del otro y ellos de ser machos dominadores. Está en nuestra cultura y lo seguimos viviendo. Mi hijo heterosexual me dijo “hay algo en las mujeres que les gusta que las traten mal”. Es un dispositivo que requiere ser abortado.
P.: ¿Cómo tomó el público chileno la obra y como esperan que sea el contacto con el público argentino, que ya disfrutó de esta saga en el Cervantes?
P.R.: La adaptación que hicimos es muy diferente a la del Cervantes, que era con texto en mano, leído, se abordaba un capítulo por día. Buscamos romper con esos esquemas de sumisión que el capitalismo ha impuesto, con hombres al servicio de la guerra y mujeres al servicio de producir soldados para la guerra. La gente reirá, vibrará, llorará, el público aulló en Chile a sala llena, siempre hubo aplauso rotundo.
A.V.H.: Fue una experiencia vibrante, donde cabía el humor, quizás triste, quizás rabioso pero también liberador, el dolor y la contradicción.
P.: ¿Qué pueden decir de la escena teatral en Chile?
P.R.: El teatro chileno nació en las universalidades, distinto es el caso del teatro argentino que es más conceptual. La comedia nunca fue nuestra bandera, hay poco teatro comercial, es más político. La puesta siempre fue muy valiosa, seguimos avanzando por esos caminos, es nuestro sello, es escena que está viva. Algo se rompió respecto de las temporadas, hay mucho recambio en carteleras. Con el advenimiento de la cultura digital que fagocita y quiere rapidez, se perjudica la cartelera porque no da tiempo a que las obras se instalen, maduren, maceren. Sin embargo, así como la IA podrá reemplazar lo audiovisual, la experiencia ritual está gozando.
A.V.H.: Es estimulante, hay mucha gente experimentando, buscando poner en escena lo que les conmueve y guiados por el deseo antes de pensar en cómo será la recepción. Podría pensarse que eso significa dejar de considerar al público pero a mí me parece totalmente lo contrario, pues pretender saber cómo será la recepción es de alguna forma menospreciar al público que son personas complejas, por lo mismo al único público que conocemos es a nosotras mismas, y si una se hace preguntas en serio, se arrincona, entra en esos lugares que están llenos de contradicción y los expone desde una ficción, va a lograr establecer una relación con el público. Pienso que entre más locales son las obras, más universales son, y por local no me refiero al territorio sino al cuerpo expuesto.
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