Mirtha Legrand
con Pablo
Echarri en la
apertura de
ayer. La
animadora
desafió a los
Kirchner a
concurrir al
programa, y
dijo que si es
necesario se
trasladaría ella
a la Casa
Rosada.
"No veo factible que venga el matrimonio presidencial. Mi equipo hizo las gestiones pero es imposible, porque no van a ningún lado. Me gustaría hacer un programa desde Casa de Gobierno si así lo piden. En realidad yo los invito a ambos a almorzar, pero si la condición es salir desde la Rosada, iría", dijo Mirtha Legrand en diálogo con este diario, al concluir el primer programa de su nueva temporada de almuerzos por «América». Para reiterar la cábala, promete que será el último año.
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Cuando se le pregunta por la relación de los Kirchner con la prensa, se inspira y da lecciones: «Ya hice dos programas con ellos, en el estudio y en Calafate. A la senadora Kirchner la tuve muchas veces antes de que fuera «First Lady», aunque a ella le disguste que la llamen primera dama. Sé que Daniel Scioli va a venir porque no se niega nunca, pero el Presidente es más difícil, y los ministros no sé. El tema de la libertad de prensa está muy mal. No entiendo por qué afectan tanto al Gobierno las críticas. Los funcionarios deben aprender que el pueblo y los periodistas pueden opinar pero ellos, ante la primera discrepancia, niegan, no aceptan y creen que está todo bien. Si yo fuera gobernante admitiría mis errores y me esmeraría en corregir, es mucho más noble. Lo otro es soberbia y la soberbia es mala, porque es uno de los siete pecados capitales».
El programa transcurrió animado por las previsibles conversaciones entre actores (los cuatro protagonistas de la novela «Montrecristo») y la soltura cada vez más desprejuiciada de Legrand. Habló varias veces con el «pelado de CQC» ubicado detrás de cámara, le mandó saludos a Mario Pergolini y le agradeció porque «me tratan bien, cosa muy rara. No se meten con mi edad, aunque en eso tiene razón mi hermana: o cumplís años o te morís, mejor cumplir años». Y luego siguió con su obsesión por casar a todos, quizá porque con su nieta Juanita Viale no tiene suerte.
Preguntó a Echarri por qué no se casa por iglesia en febrero «si vos y Nancy son católicos» y sugirió varias veces a Joaquín Furriel que le propusiera matrimonio a su novia Paola Krum, maridos en la novela. Hasta sugirió que la nombraran madrina.
Claro, seguramente ella y su equipo esperaban más para la apertura, porque estas chanzas carecen de todo impacto mediático, como aquellos diálogos con funcionarios o políticos, como cuando fue una de las primeras en decirle al matrimonio Kirchner: «¿Se viene el zurdaje?».
Sin embargo Mirtha reitera que no está en sus planes dedicarse a la política sino que busca retirarse de la TV y ser empresaria teatral. Hasta ahora su idea era más bien televisiva pues había logrado la aprobación de Alberto Migré para la remake de «Roldando Rivas Taxista», con Pablo Echarri y Juanita Viale. Lo que sí tiene más claro es su despedida de la TV: «He pensado cómo será y quiero un lugar muy grande, con mis amigos, colegas, periodismo, todos de buen humor, nada chocante».
Detrás de cámara, no faltó su amigo, representante y guía espiritual de años, Carlos Rottemberg, más alejado de la producción del ciclo que comandan Hernán Figueroa, Alicia Pedrelli y el novato Nacho Viale, nieto de Legrand. Visiblemente nervioso, Viale se ocupó de idear una nueva apertura (algo así como «Un día en la vida de Mirtha Legrand»), y organizó «cuestiones operativas y artísticas» según Mirtha. Se lo vio yendo y viniendo del estudio al control, atento a su pantalla del celular, pero sin desoír los consejos del experimentado Rottemberg. Fue Viale quien instruyó a la noctámbula Legrand en el aprendizaje de Internet y su adicción llegó al punto de levantarse «En camisón, a las 4 de la madrugada, y conectarme a Internet. Sobre todo visito páginas de información», aclara con picardía para atajarse de los malpensados.
Además del apoyo logístico, Rottemberg y Viale vigilaban la cocina ubicada detrás de la escenografía y, como varios asistentes y productores que picoteaban panes, grisines y hasta los restos que dejaban los invitados, Rottemberg probó un pan saborizado. Legrand felicitó a los chefs, Clementina y Hernán y dijo: «Me contaron que te ascendieron Clementina y por eso no venís mas, ¿viste que este programa trae suerte?».
El menú de mousse de aguacate y cilantro con crostinis (las que comían los aburridos asistentes) fue seguido por salmón rosado a la plancha con napoleón de vegetales (así lo llaman para que suene «moderno») y papas al natural. El postre: pastel de peras con almíbar de especias y helado. Antes del café en el living, un productor pedía monedas para la máquina expendedora y trajo dos cortados. Pocos imaginarán, desde sus casas, que ese café es el que trasvasan a las finas tazas de porcelana.
Cuando Legrand se despidió, agradeció las flores enviadas por Daniel Scioli e insistió: «¿Y el Presidente qué me mando?» ante lo que un productor se apuró a responder «Te mandó saludos Mirtha» y ella sonrió con ironía. Luego dijo a este diario: «Yo tengo total libertad con lo que digo porque hace años firmo un contrato con una cláusula que me habilita para opinar sobre cualquier tema. Lo hago porque los canales tienen miedo a que les saquen la publicidad si se dice algo inconveniente del Gobierno. Pero creo que pasa más por los canales que por los diferentes gobiernos, pues se ponen la venda antes que la herirse. Igualmente no tiene nada que ver esto con la negativa de «Canal 9» de que yo estuviera, al menos eso me dijeron. Daniel Hadad vino un día a mi casa y se marchó como si yo fuera figura del «9». Después llamaron para decirme que no cerraban los números. Que todo fue una cuestión de costos».
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