El Colón estaba repleto, las calles aledañas convertidas en zona liberada y se podía estacionar en todas partes. Ya en la sala se mezclaban funcionarios como el vicepresidente En el escenario, y con la garganta algo más cascada que en otras oportunidades, el catalán jugó su juego y ganó. En casi tres horas de espectáculo, con la apoyatura de la Filarmónica de Buenos Aires dirigida por
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