3 de mayo 2001 - 00:00

Si no se busca un humor sutil, resulta eficaz

Dime que no es cierto.
"Dime que no es cierto".
«Dime que no es cierto» («Say It Isn't So», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: J.B. Rogers. Int.: Ch. Klein, H. Graham, O. Jones, S. Field, R. Jenkins.

El director debutante J.B. Rogers fue asistente de los hermanos Farrelly en «Loco por Mary», y por eso no sorprende que en su divertida ópera prima juegue con el mismo humor no precisamente sutil que despliegan los autores de comedias escatológicas como «Tonto y retonto» e «Irene, yo y mi otro yo».

Lo que sí llama la atención es el nivel de audacia que tienen los chistes de Rogers, algunos de un humor tan negro que el público salta de su butaca mezclando las risas con gritos de pánico. Más allá de que conviene estar preparado para un divertimento tan fuerte, no se puede dejar de reconocer que los gags están bien hechos, son muy graciosos y no son usuales en una comedia hollywoodense.

Por otra parte, el tema de la película no puede estar más lejano del de cualquier típica comedia romántica hollywoodense. Salvo en policiales negros como «China-town» de Roman Polanski, el incesto no aparece mucho en el cine americano. Este es el tema de «Dime que no es cierto»: Chris Klein es un muchacho solitario que trabaja capturando perros callejeros, y su soledad termina al mismo tiempo que una de sus orejas, dejando que la peor pero más sexy de las peluqueras de su pueblito de Indiana (Heather Graham, la actriz porno de «Boogie Nights») le practique su corte de estilo europeo. La trama telenovelesca los deja consumar su amor para luego hacerles pensar que son hermanos. A partir de ese momento la palabra «pervertido» siempre aparece escrita en la sucia camioneta del protagonista, que es saludado por los niños del pueblo con frases tales como «viola hermanas» y cosas así.

La película está llena de sorpresas, y uno de las más notables es un cambio de imagen de Sally Field, quien de aquella heroica sindicalista Norma Rae pasó ahora a aderezar sándwiches pasándoselos por sus axilas transpiradas (algo que nunca hubiera hecho La novicia voladora). Otra sorpresa es un comediante llamado Orlando Jones, convertido en un piloto de avión sin piernas que se roba varias divertidísimas escenas de esta hilarante aunque despareja película.

El principal defecto de «Dime que no es cierto» es que la acumulación de chistes burdos a veces se vuelve un poco repetitiva, igual que algunos recursos de estilo como ironizar con los aspectos más ingenuos de sus personajes acompañando sus tonterías románticas con insulsa música pop más veces de lo necesario. Pero con este film, J.B. Rogers promete convertirse en un director de humor más eficaz que sus propios patrocinadores, especialmente cuando muestra a un hombre que luego de un derrame cerebral sólo puede hablar con un dispositivo electrónico intentando cantar el clásico de Richard Berry, «Louie Louie».

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