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21 de julio 2006 - 00:00

Suntuosas "princesas" en un show sobre hielo

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El nuevo espectáculo de Disney on Ice compensa con su gran despliegue visual y muy buenos patinadores los saltos de guión que pueden desconcertar a quienes no vieron los clásicos del cine que recrea.
«Princesas». Por la compañía Disney on Ice. Dir.: J. Bilik. Coreog.: T. Dickson y C. Lindgren. Vest.: G. Barnes. Esc.: E. Sicangco. Dis. Ilum.: P. Morse (Luna Park.)

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Las heroínas más románticas de Disney se dan cita en este nuevo show de patinaje sobre hielo que reúne, en apretada síntesis, a siete grandes clásicos del cine infantil: «Aladdin», «La Bella Durmiente», «Cenicienta», «La Sirenita», « Blancanieves y los siete enanitos», «Mulan» y «La Bella y la Bestia». Es sorprendente ver cómo niñas y preadolescentes disfrutan de estas fabulosas historias de amor y al terminar la función saludan a los personajes (incluido Mickey que oficia de presentador) como si se tratara de estrellas de rock. En la platea los varones son franca minoría y aunque nadie espera que se identifiquen con este club de princesas enamoradas, al menos disfrutan -junto a los adultos-de las osadas piruetas y coreografías que ofrece el patinaje artístico.

Este es un show para «disney maníacos», por lo tanto se ha respetado el doblaje y los temas musicales de las versiones cinematográficas. Los que no hayan visto «Mulán» o «La Bella y la Bestia» pueden quedar algo desconcertados ante los abruptos saltos de guión. Pero estos baches argumentales se ven compensados con escenas de gran despliegue visual y el atrayente desempeño de bailarines y patinadores.

Las caracterizaciones son excelentes (máscaras y disfraces reproducen fielmente la figura de cada personaje) al igual que los trucos y efectos especiales muy bien adaptados para el teatro. El elefante y la alfombra mágica de «Aladdin», los cambios de color en el vestido de Cenicienta o el súbito agigantamiento de Ursula (la siniestra tía de La Sirenita), son algunas de las tantas sorpresas que irrumpen en la pista.

La segunda parte está dedicada a Cenicienta. Su historia -menos espectacular que las anteriores- ofrece, en cambio, una trama argumental más completa y varios toques de humor a cargo de las hermanastras, que aquí se comportan como un afianzado dúo cómico.

Las dos horas de espectáculo pasan volando para contento de grandes y chicos, pero las principales destinatarias de este espectáculo han encontrado un atractivo extra en el vestuario. Concretamente, el cuadro final de «Princesas» se ha transformado de buenas a primeras en un lujoso desfile de vestidos de quince.

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