5 de marzo 2001 - 00:00

Tanta seriedad no le conviene a una farsa

Braga, Granulles y Dual.
Braga, Granulles y Dual.
«Hombre de confianza», de Roberto Perinelli. Dir.: Julio Baccaro. Int.: Aldo Braga, Juan Carlos Dual, Leo Granulles, Aldo Pastur y María Laura Berch. Esc. y Vest.: Carlos Di Pasquo. (Teatro del Pueblo.)

La torpeza y la traición se dan la mano en esta leve comedia negra ambientada en la oficina de un manager de boxeo. Estos temas aparecen encarnados en dos personajes protagónicos: Natalio, un viejo empleado de la empresa (a cargo de Aldo Braga), y el atildado Olmos, un mafioso de poca monta, interpretado con muy buen oficio por Juan Carlos Dual.

Entre ambos urden un plan para quedarse con los fondos de una elevada recaudación que incluye el asesinato del gerente de la firma (Aldo Pastur). Los dos cómplices ultiman detalles bajo la mirada atenta de «Matagente», un personaje ambiguo -algo así como el retrato apenas esbozado de un psicópata-, quien será el encargado de darle a la historia una vuelta de tuerca inesperada.

La pieza de Roberto Perinelli (autor de « Landrú, asesino de mujeres», «La cena» y «Miembro del jurado», entre otros títulos) parece exigir una puesta de tono farsesco, ya que sus personajes no son sino parodias de criminales. Una mezcla de « Fracasados del mal» y de « Los desconocidos de siempre», pero eso sí, mucho menos torturados que los personajes de Arlt y bastante menos simpáticos que los que popularizó Dino Risi. Son seres inhibidos por su falta de agallas antes que por sus conflictos morales.

Lamentablemente, la puesta del director, Julio Baccaro, no termina de conciliar el patetismo de estos personajes con su transfondo de caricaturas. El tono con que ha sido planteada la acción dramática se acerca demasiado al realismo, y esto hace que esta historia, que se apoya decididamente en la ironía, la intriga y las falsas apariencias, resulte bastante poco creíble.

La escenografía de Carlos Di Pasquo aporta un clima cinematográfico intemporal y de conveniente decadencia, acorde con el planteo realista de la puesta. En cambio, el ritmo moroso de la acción y el incomprensible estiramiento de algunas de sus escenas no hacen más que poner en evidencia la precariedad de buena parte de las situaciones planteadas. Pese al correcto desempeño de los actores, la pieza no cumple su objetivo de entretener al público con su desencantada parábola sobre la corrupción y la confianza.

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