“Cuando miro mis obras del pasado me desconozco, como quien ve una foto vieja. Lo que me preocupaba en ese entonces me resulta ajeno e inclusive me da un poco de pudor”, expresa Mariana Chaud, artista en residencia del teatro Sarmiento, de quien se verá hasta fin de año una retrospectiva con funciones de “Sigo mintiendo” (2004), “Elhecho” (2005), “Budín inglés” (2006) y “Ubú patagónico” (2014), primera en subir a escena desde este jueves. Dialogamos con ella.
El teatro Sarmiento con ciclo de Mariana Chaud
Las obras son "Sigo mintiendo", "Elhecho", "Budín inglés" y "Ubú patagónico".
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Mariana Chaud. Una retrospectiva de su obra en el teatro Sarmiento.
Periodista: ¿Cómo fue el reencuentro con esos textos?
Mariana Chaud: Me sorprende que hayan pasado más de 15 años y los diferentes rumbos creativos que iba tomando por aquellos tiempos. La identidad es algo complejo de asir. Hay algunas cuestiones con las cuales sigo dialogando, la vida sobrenatural y la vida cotidiana, las ficciones que nos llevan de viaje y las que nos traen hacia adentro. Otras me resultan ajenas. Creo que, en ese sentido, hay algo valioso de la propuesta de Vivi Tellas, que es tomar el valor documental de aquellas obras, no juzgarlas o modificarlas, dentro de lo posible, desde quien soy hoy.
P.: ¿Cómo recuerda el montaje de las obras en el pasado y el contraste con este presente?
M.C.: Cuando empecé a dirigir mis obras, había una explosión en el circuito. Pasaba de todo, era abundante, o por lo menos, esa era mi visión. Además se producía sin especular con el resultado o con el público. Eso fue modificándose a lo largo de estos años y el teatro independiente se volvió dependiente del “éxito comercial”, por así decirlo. Además, en aquellos años, yo tenía una energía tremenda para generar proyectos. Hoy me encuentro más enfocada y con vínculos más sólidos tanto con el equipo como con el elenco. No sé qué es mejor: la vitalidad desbordante o la mirada afilada.
P.: ¿Los actores son los mismos pese a haber pasado mas de una década en algunos casos?
M.C.: Los cuerpos de los actores modifican el sentido de la obra. Por ejemplo: “Budín inglés” es acerca de una pareja que se está separando y tiene una recaída el mismo día en el que sus respectivas madres arreglaron para ir a mostrar su departamento para venderlo. A los 20 y pico esa situación habla del dolor de la separación, de que esa separación implica separarse de la familia del otro también, de las dudas o de lo definitivo del tema. Ahora con 40 y pico, la misma situación y los mismo diálogos, muestran una falta de madurez para formar una familia propia por fuera de los padres.
P.: ¿Encuentra algo en común entre las cuatro obras?
M.C.: Creo que el valor de ponerlas a dialogar tiene que ver con que son bastante diferentes, en forma y tema. De todos modos, siempre se pueden leer temas que atraviesan a todas las obras: lo sobrenatural, la no linealidad del tiempo y del sentido, la aventura, la particularidad de los personajes.
P.: ¿Cómo es este regreso en pandemia?
M.C.: Por un lado, regresar al espacio de ensayo es un momento de una felicidad e imagino que el reencuentro con el público también va a ser bastante vital. Por otra parte, con respecto a las artes escénicas, creo que hubo desgaste y falta de interés desde el estado y la sociedad, y eso nos ha dejado en un lugar muy difícil, entonces estamos pensando más en la supervivencia que en un debate estético. Imagino que de acá a un tiempo, podremos ver cómo influyó y qué tipo de nuevos lenguajes han ido surgiendo. Por ahora, es difícil pensarlo, para mí. Creo que sin la presencialidad y el contacto, la teatralidad va tomando nuevos rumbos que tienen más que ver con asentarse en la propia inmediatez de la escena y el presente.
P.: ¿Otros proyectos?
M.C.: Estamos preparando con Gustavo Tarrío un espectáculo para todo público en el Teatro Cervantes llamado “Familia No Tipo y la nube maligna”.
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