Kive Staiff: el gran constructor

Espectáculos

El Teatro General San Martín de la avenida Corrientes 1551, hoy parte del Complejo Teatral de Buenos Aires y antes Teatro Municipal General San Martín (TMGSM, sigla con la que se lo denominó durante muchos años), levantó por primera vez su telón hace 60 años durante la presidencia de Arturo Frondizi, aunque aún no estaba del todo terminado.

Leónidas Barletta, el fundador del Teatro del Pueblo, había recibido ese predio de la Municipalidad (que databa de 1911) con una concesión de 25 años, pero el golpe de Estado de 1943 se lo arrebató. El lugar pasó a llamarse Teatro Municipal de Buenos Aires y en 1950, año del Libertador, pasó a llamarse San Martín. El gobierno peronista de entonces ordenó que se levantara allí un edificio monumental. Con otra perspectiva, recién comenzó a erigirse en 1954 sobre planos de los arquitectos Mario Roberto Álvarez y Macedonio Ruiz. El golpe de 1955 demoró la construcción, que se hizo más lenta, hasta que en 1960 los 30.000 m2 de edificación, con trece pisos y cuatro subsuelos fueron mostrados al público, aunque en forma simbólica. El teatro abrió en 1961.

Entre los funcionarios que estuvieron a su frente hay que destacar el nombre de uno, Kive Staiff, a quien el San Martín le debe la mayor parte de su prestigio. Director durante tres períodos, Staiff le imprimió al San Martín el sello de su identidad, lo selecto de su repertorio siempre en equilibrio entre lo clásico y lo moderno, y la calidad de sus elencos. Desde su llegada en 1971, con la convocatoria a Jorge Lavelli entre los varios puestistas de nivel, la elección de piezas que iban desde el “Romance de lobos” de Valle Inclán (con Alfredo Alcón) hasta “Rozencrantz y Guildenstern han muerto”, de Tom Stoppard, el San Martín quintuplicó su público y se convirtió en referencia ineludible de la avenida Corrientes ”cultural”. Despedido en 1973, Staiff fue nuevamente convocado en 1976, lo que le costó más tarde el cuestionamiento de varios sectores de la cultura. Sin embargo, lejos de haber sido complaciente con el régimen militar, Staiff llegó inclusive a darle trabajo --dentro de lo que le permitía le época-- a algunos actores prohibidos, y arriesgarse a la censura. En 1983, Raúl Alfonsín confirmó esto ratificándolo en el cargo, que conservó hasta 1989, cuando el jefe de gobierno Fernando de la Rúa hizo un enroque incomprensible: lo envió de director al Teatro Colón, donde no se sentía cómodo, y al San Martín a Ernesto Schóó, un intelectual que fracasó desgastado por los gremios. Volvió en 1998, pero ya su salud no era la misma. Algunos años después, y hasta su muerte en 2018, ocupó el cargo de asesor.

“El cerco de Numancia”, de Miguel de Cervantes, con el elenco de la Comedia Cordobesa dirigido por Jorge Petraglia, fue el primero de los casi 1.500 espectáculos que desde 1961 desfilaron por las salas del San Martín. El edificio cuanta con una sala de cine -Leopoldo Lugones, en el piso 10-; la mayor, Martín Coronado, alberga 1.049 espectadores en dos plantas; la sala Casacuberta, para 566 espectadores, no tiene tantas posibilidades técnicas pero es una de las más famosas de la Argentina; dispuesta como un anfiteatro griego. La menor es la Cunill Cabanellas, en un subsuelo.

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