Oscar Barney Finn ostenta un extraño record en este tiempo pospandemia (y para antes de ella también): está dirigiendo tres obras teatrales de manera simultánea, y todas con notable respuesta de público. “Nunca llegué a alcanzar ese número”, dice a este diario “pero las circunstancias se dan para que eso ocurra. No hay un tiempo material para estar haciendo a la vez tres obras, lo que pasa es que las reacciones del público a cada una de ellas, más la pandemia, más tener la alternativa de distintos teatros han hecho que confluyan ahora.” A pocos días de cumplir 83 años, con una vitalidad y una mente siempre activa para generar nuevos proyectos, Barney Finn habla así de ellas:
“Cada una tiene su pequeña historia, su razón. La más antigua es ‘El diccionario’, seis años ya y no decae, y está al borde de las últimas funciones sólo porque llega noviembre y hay que esperar que pasen las fiestas. Aquí se reunieron muchas cosas buenas. Yo creo que haberme encontrado en Chile con Manuel Calzada, su autor, que había llegado de España a dirigir su propia puesta, y que él me la diera para hacerla acá, era algo que no me esperaba. El segundo hecho encontrar disponible El Tinglado, una sala donde yo ya había hecho una pequeña temporada con “Poder absoluto”, la obra de Roger Peña, entre otras, y el otro hallazgo fue haber contado con una actriz excepcional como Marta Lubos para el protagónico. Marta surgió de El Andamio, el teatro y escuela de Alejandra Boero. Yo también la recordaba en un gran papel en la obra ‘Temperley’. Actualmente siguen estando Robertino Mosca y, como el médico, Pablo Flores Maini, el papel que originalmente estrenó Daniel Miglioranza. La obra me gusta mucho porque me permitió, más allá de lo que es su contenido, el abordaje de un personaje como María Moliner, su lucha en aquella sociedad española por imponer sus ideas, el amor por las palabras, cómo las define, cómo le pertenecen, y más tarde cómo las va perdiendo por la enfermedad.”
Periodista: Lo original también es cómo expone una lucha ideológica a través de palabras: la definición de ella, y la definición de los académicos franquistas.
Oscar Barney Finn: Justamente, con Marta convinimos que ella aprendiera el texto, lo hiciera propio, y luego lo transmitiera, porque es la palabra de ella la que va llevando al espectador. Es una obra que se volvió muy rica por su sentido, por la espacialidad donde se representa. Hay gente que la ha ido a ver más de una vez, pese a que está en streaming, en Teatrix. Además, Manuel Calzada está escribiendo otras obras, y seguimos en contacto para futuras cosas.
Periodista: La segunda es “La reina de la belleza”.
O.B.F.: Justamente, el trabajo en ‘El diccionario? fue tan bueno con Marta que eso me llevó a volver a esta obra de Martin McDonagh para que ahora ella la interpretara. Yo la había hecho en 1989, con Aída Luz y Leonor Manso. En ese momento recién se había estrenado en Dublin, y de allí a Broadway, que fue donde conocí a su autor a la salida de una matinée. Es decir, lo conocí personalmente, pero yo ya había comprado los derechos. Es una obra que en mi historia tiene su camino, pero lo que estamos haciendo ahora en El Andamio es inclusive hasta distinto de la que hicimos en El Tinglado antes de la pandemia. Esta es una obra que ya está instalada en El Andamio, donde siempre está planeando el espíritu de Alejandra Boero, y es una sala a la que quiero mucho. Es un teatro que respira teatro. También hice allí “Lejana tierra mía” y “Reconocernos”.
Periodista: Y por último, “Muchacho de luna”.
O.B.F.: Sí, el unipersonal que hace Paulo Brunetti y que está dedicado a Lorca, y que se representa en El Portón de Sánchez. Tiene que ver con mis primeras lecturas adolescentes, en colegios nacionales, con profesores de literatura que me aconsejaron leer “Bernarda Alba”, por ejemplo, y de ahí un largo camino en el que se entrecruzan tantas versiones distintas de sus obras, hasta aquel homenaje en 1986 en “Canal 7”, que se llamó “Muchacho de luna”, y de donde retomé el título. Ese fue el programa, junto con “Seis personajes en busca de autor” de Pirandello, con los que ganamos el Premio de la Televisión Europea en Biarritz, al año siguiente. En el medio está la versión que hice de “Doña Rosita la soltera”, primero en el San Martín de Tucumán y luego en el Nacional Cervantes.
P.: Aquel “Muchacho de luna” no es el mismo que el de hoy.
O.B.F.; Es que ocurrieron muchas cosas desde aquel momento: murió la hermana de Lorca, la Fundación Lorca fue más permisiva, y se dieron a conocer obras, poemas, escritos, que antes no estaban al alcance de nadie. Ni siquiera de Ian Gibson, que es el biógrafo más importante de Lorca. Entonces, cuando yo volví a tomar contacto con su obra, tuve la posibilidad de leer los “Poemas del amor oscuro”, u obras como “El público”. Y siempre siguen apareciendo cartas, escritos y tantos otros documentos. Eso me llevó a que, como con Paulo Brunetti queríamos hacer algo que tuviera que ver con el teatro clásico, volviera a Lorca: en todos sus textos, los conocidos y los nuevos, hay una línea que me fue guiando. Hice progresar la poesía en las etapas que correspondían, el cante jondo, la partida y el regreso de Nueva York, las obras que lo consagran, la muerte. Y esas cartas antes inéditas también muestran a un Lorca que habría querido expresarse de una forma que la sociedad de su momento no le hubiera permitido. Todo eso está en “Muchacho de luna”: textos, poemas, escritos, pero con una progresión dramática. Además, en el caso de Brunetti hay una consustanciación profunda entre actor y personaje, como decíamos antes de Marta Lubos: hacer propio un texto y transmitirlo. Eso es un desafío. Yo recuerdo, en “Los caminos de Federico” que hacía Alcón, que él también tomaba a veces la voz femenina al recitar a Doña Rosita. Pero aquí no es sólo eso, es Rosita y Bernarda y Yerma, es el universo integral de Lorca.
P.: ¿Y mientras tanto, en qué obra nueva trabaja?
O.B.F.: En “Mármol”, de Marina Carr, una obra también irlandesa de una autora que surgió en los mismos tiempos que McDonagh. Los protagonistas son dos matrimonios que tienen un vínculo particular. Pero la idea más inmediata que tengo es hacer “Muchacho de luna” en el verano, en un bello espacio al aire libre, si es posible en jardines. Una tradición que fue nuestra durante mucho tiempo.