Huellas de Elisa. Dana Basso y Lisandro Penelas, los intérpretes originales, continúan en esta nueva versión.
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¨Necesitamos producir el fenómeno de inmersión del público. Hemos hecho la obra en cafés, en bares, en museos y en teatros, buscamos la manera de que la gente se sienta parte, el público participa sin ser invadida, no es empujada a hacerlo, quiere, se anima, se siente protegida para hacerlo¨, cuenta Silvina Katz sobre ¨Huellas de Elisa¨, que nació hace 17 años en La Dama de Bollini como ¨La piel de Elisa¨ y fue mutando a lo que es hoy, que se presenta en El Camarín de las Musas los sábados con actuaciones de los actores de entonces, Dana Basso y Lisandro Penelas, además de la música en vivo con el cellista Fabio Loverso. Dialogamos con Katz.
Periodista: ¿Cómo se diferencia esta nueva versión que bautizaron ¨Huellas de Elisa¨ en relación a las versiones anteriores?
Silvina Katz: El libro original “La piel de Elisa” de Carol Fréchette, autora canadiense, es un monólogo donde el conflicto de Elisa es su terror a envejecer, por eso relata historias de amor, una solución que alguna vez le propuso un muchacho que durante su narración recuerda. El tono es dramático. Está planteada en un escenario a la italiana sin interacción con el público y sin un músico que intervenga. ¨Huellas de Elisa¨ es el reencuentro de Elisa y el muchacho después de años en ese café donde se vieron por primera vez. Es una readaptación que surgió durante la pandemia tras un año y medio de no ser representada. El joven ya no es sólo un recuerdo de ella y ya no es tan joven, está ahí presente y ambos tienen mucho para contar. Los mueve la necesidad de narrar, pero ya el conflicto pasa a otro plano, no es el miedo a envejecer. Intentan sostener la pasión, los detalles que hacen que cuando narran (o actúan) el público se sienta convocado a transitar el camino que le proponemos y a la vez ponga allí sus propias vivencias.
P.: ¿Toman experiencias que dejó el público?
S.K.: Sí, algunas de las historias de esta versión están armadas con fragmentos de recuerdos que nos fue dejando el público en temporadas previas, hilvanadas a modo de patchwork. Descubrimos que el público quedaba deseoso de contarnos lo que les estaba pasando por la cabeza o por el corazón en ese momento. Y decidimos preguntárselo. Pusimos unos papeles y unos marcadores en las mesas y les pedimos que escribieran eso que les estaba pasando, en ese momento ceremonial del teatro, sin mucho pensar.
P.: ¿A qué atribuye su vigencia durante casi dos décadas?
S.K.: La obra hace bien y sobre todo ahora después de la cuarentena. Es inevitable que el público se identifique. Otro factor clave son los actores: Dana Basso y Lisandro Penelas toman lo que sucede con el público. Como directora no tengo obligación de ir todas las funciones, sin embargo no quiero perderme una. Muchos vuelven a ver la obra, es extraño ese fenómeno.
P.: ¿Qué historias destacaría para dar idea de qué trata la obra?
S.K.: El amor a distintas edades, semejanzas y diferencias. Una persona que va pasando desde la adolescencia, o los 20 años, después la fogosidad de los 30 o los 40, las historias de la mujer casada, lo prohibido, o de lo que no se habla.
P.: ¿Qué valora la platea de esa experiencia?
S.K.: Los actores también juegan un papel fundamental. Describimos con precisión calles y lugares conocidos de la ciudad, la gente ha caminado por ahí, se ha visto en alguna de las situaciones que se plantean.
P.: ¿Cómo vive este momento del teatro? ¿Hay un renacer?
S.K.: La abstinencia de casi 500 días provocó una revalorización del teatro y de las artes escénicas en general. Nos faltaba este encuentro, este ritual de cuerpos presentes de actores y público. Todos compartimos esa alegría de estar juntos en el espacio y no vernos a través de las pantallas. Obviamente con un protocolo, pero presentes de cuerpo y alma. Yo tengo la felicidad de ser parte de Luz testigo que dirige Javier Daulte en el Callejón. Y es una fiesta cada función.
P.: ¿Qué puede decir en relación a la situación de las artes escénicas?
S.K.: Fue muy duro todo este período, los teatristas estamos acostumbrados a pelearla pero esto fue excesivo. Hubo apoyo pero no alcanzó. Eran muchos sectores los afectados. Entendimos que el teatro es esencial también. Fue bravísimo sostenerse para los teatros independientes por eso es tan importante que la gente esté volviendo.
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