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7 de febrero 2008 - 00:00

Terror original que asusta sólo a través de sugerencias

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Al monstruo de «Cloverfield» apenas se lo ve hacia el final en un film que es pura sugerencia y, por eso mismo, llega a angustiar.
«Cloverfield-Monstruo»(EE.UU., 2008; habl. inglés). Dir.: M. Reeves. Int.: L. Caplan, J. Lucas, T.J. Miller, M. Stahl-David, M. Vogel, O. Yustman.

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¿Cómo hacer un film de ciencia-ficción capaz de sorprender a una audiencia ya bastante trajinada? ¿Cómo se evita la tentación de los grandes efectos especiales en una película de monstruos? Esas son buenas preguntas en una época en la que los maestros del fantástico no filman más o tienen otros intereses. Y «Cloverfield», nacida de la febril imaginación de J.J. Abrams (el creador de series exitosas como «Alias» y «Lost»») ofrece un tipo de respuesta posible.

Su argumento no tiene sorpresas y, casi como en «El Eternauta», pone a seres ordinarios frente a una situación extraordinaria: un grupo de amigos que despide a uno de ellos que se muda a Japón tiene un encargado de filmar la fiesta con una cámara hogareña. En pleno apogeo de la fiesta, una explosión sacude el lugar y las llamas iluminan el cielo, y los protagonistas deben preocuparse por sobrevivir a una amenaza que, más tarde, reconocerán como un monstruo invencible ensañado con Nueva York. La cámara de video se transforma en el único punto de vista de toda la historia y, a lo largo de todo el film, serán esporádicos los planos más generales. Así, la película adquiere -y pretende-un tono documental, que incrementa la angustia, pero es un documental realizado al modo de los tiempos que corren: amateur, sin edición, continuo. La catástrofe se percibe a través de ese ojo minimalista, que recorta la situación y refleja las minucias que componen una realidad básica, lejos de los simulacros que construyen los medios (dixit Baudrillard).

«Cloverfield», a diferencia de otras películas de temática similar, es pura sugerencia, y es mucho más lo que apenas se percibe -casi por el rabillo del ojo- que lo que realmente se ve, y sólo hacia el final sus realizadores conceden al público la posibilidad de ver a la criatura en cuestión. Los protagonistas tampoco son héroes clásicos, pese a que su comportamiento adquiere una cierta pátina heroica por poner la amistad y la lealtad por sobre todas las cosas, y tampoco se cede a la tentación de matizar la situación introduciendo tensión sexual o erótica, erótica, pese a que el amor está presente. De la misma manera, no se abusa de los homenajes y más allá de la Estatua de la Libertad decapitada que hace referencia a «Escape de Nueva York», se pueden encontrar salpicadas algunas otras «citas » a «Jurassic Park», «Godzilla » y hasta alguna imagen que recuerda al clásico «Furia de titanes». Angustiante, opresiva, espectacular pero no a partir de sus efectos especiales, «Cloverfield» recupera en buena medida algo de la originalidad que alguna vez fue característica del mejor cine fantástico. Y no es poca cosa.

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