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21 de marzo 2002 - 00:00

"TODAS LAS AZAFATAS VAN AL CIELO"

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Alfredo Casero


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Ella vive sola, rodeada de cactus, y lo que le pasó fue algo casual (cuántas dicen lo mismo), y ahora no sabe qué hacer. Salvo los del trabajo, todo viaje que emprende lo abandona a mitad de camino. El en cambio ha quedado solo, apenas con una cajita, y lo que le pasó es definitivo, aunque, ya se sabe, los hombres suelen ser reincidentes. Por ahora está frente a pasillos que debe transitar, o por donde debe, o debería, venir su nueva vida. La noche y la blancura los envuelven.

Detalle interesante, por ahí el odontólogo casi se mata, y va a parar a un cielo intermedio, transitorio, un hospital todo blanco, con una enfermera toda blanca, que lo atiende y lo ama. ¿Rehará con ella su corazón? No suele ocurrir, en una comedia romántica, que el beso más memorable sea destinado a un tercer personaje, pero ya dijimos que esta obra es bastante peculiar. Véanse si no algunos oficios que desarrolla para vivir quien, según las reglas del género, se convierte en amiga y consejera de la protagonista. Y es buena amiga, da buenos consejos, y transmite vitalidad, aunque al mismo tiempo se alquile para amar, o mate los frutos del amor, o del desamor. Esto en una comedia a la americana no pasa, o al menos no pasa todavía. Quizá por eso se ganó el premio del Sundance/NHK, es decir, el premio de americanos y japoneses, al mejor guión.

Película detallista, de personajes bien pensados e intérpretes compradores, empezando por

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