Diego De Paula es un pater familias de antología, Greta
Berghese provoca carcajadas como la madre egoísta e inculta
y Victoria Almeida compone a una delicada criatura sometida
a maltratos.
«El trompo metálico». Libro y Dir.: H. Steinhardt. Int.: D. De Paula, G. Berghese, V. Almeida. (Sala Biblioteca - C.C.R. Rojas.)
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Este trabajo de la sorprendente directora debutante de Heidi Steinhardt tiene una sólida dramaturgia que, además, se ve enriquecido por la labor de sus intérpretes y cuenta con un escenario ideal: la histórica Sala Biblioteca del Centro Cultural Ricardo Rojas. En ese ambiente, con paredes cubiertas de boiserie y estanterías vacías (hace años que dejó de albergar libros) pasa sus ratos ociosos una pareja, que también se da tiempo para someter a su hija a todo tipo de pruebas, supuestamente destinadas a mejorar su educación.
La chica habla cuatro idiomas, estudia danza, domina varias materias y comparte con su padre la misma sed de conocimientos. Sin embargo, éste la humilla injustamente con la complicidad de su esposa, una mujer ignorante y banal que trata infructuosamente de estar a la altura de su marido y que por lo tanto no soporta la notoria superioridad intelectual de su hija («Respetá a tu madre que no sabe para qué te tuvo», le grita en un arranque de ira).
Este cruel triángulo edípico, disimulado bajo una capa de erudición, supuesto amor al saber y estrictas reglas de etiqueta, es un hervidero de odios y deseos oscuros. Se intuyen algunos rasgos incestuosos entre padre e hija, pero lo más interesante de esta tragicomedia es la lucha sin cuartel que entabla la pareja en contra de la hija.
Una de las escenas más divertidas de «El trompo metálico» es aquella en la que todos juegan al tuti fruti utilizando rubros sólo aptos para eruditos (como por ejemplo: «matemáticos de la Edad Media»). En otros momentos, uno tiende a estremecerse -aún entre risas- ante el maltrato sufrido por esa delicada criatura. En otra escena inolvidable, cada personaje brinda su particular interpretación de una fábula china leída en voz alta. Pero sólo la hija logra captar en ella valores y conductas dignos de ser imitados.
Por la obra circulan todo tipo de apuntes referidos a nuestra mítica idea de Nación, a ciertos ideales de cultura bastante contradictorios y a otros aspectos del vínculo padre-madre-hijo que cada espectador irá descubriendo seguramente bajo el filtro de su propia experiencia de vida.
Diego De Paula es un pater familias de antología, temible y encantador, capaz de seducir con sus conocimientos y buenos modales y al rato horrorizar con su cinismo, intransigencia y prejuicios de clase. Greta Berghese provoca carcajadas en su de rol de madre egoísta, inculta y que se cree lo que no es. Mientras que Victoria Almeida compone a una adorable criatura, que al fin y al cabo demuestra ser más fuerte e independiente de lo que suponían sus padres.
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