Brad Pitt compone a un Aquiles histérico, imposible de tomar en serio en un film concebido como gran espectáculo y que recuerda sólo esporádicamente al poema de Homero.
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Retrocediendo medio siglo, hasta llegar a los tiempos del CinemaScope, las carreras de cuádrigas y esos Hasta ahí, con sus momentos contundentes, sus relámpagos seudoprofundos y sus deliciosas ridiculeces,
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