Un James Bond para chicos
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Espías a escondidas. El dúo protagónico del film de animación.
Entretiene debidamente este dibujo lleno de acción y de entusiastas incoherencias, amable parodia de las películas de James Bond en adelante. Protagonistas, un morocho fachero acostumbrado a ganar, superespía con más chirimbolos que el inspector Gadget, y un muchachito blanco acostumbrado a perder, inventor de varios de los chiches que usa el morocho.
Uno va en la línea de James Bond y usa smoking en toda ocasión. El otro no va en la línea de Q, sino en la de “Jimmy Neutron” y “Lluvia de hamburguesas” y dentro de su casa usa delantal con voladitos. También importantes, la madre policía del inventor, la directora de la Agen-
cia de Inteligencia, la jefa de Asuntos Internos, sus asistentes, y los malos, que son todos varones.
No contaremos más, porque parte de la gracia es que iremos de sorpresa en sorpresa hasta el gran final bondiano y más allá, y que casi todo está bien hecho, para alegría de grandes y, sobre todo, chicos. Un detalle curiosamente habitual en muchas películas norteamericanas: el grupo familiar se compone de madre e hijo (si hay padre no se lo menciona), y la orfandad está a la vuelta de la esquina.
Y un dato: la película confiesa inspirarse muy libremente en un gracioso corto de Lucas Martell, “Pigeon: Impossible” (fácil de encontrar en Youtube), que
también es paródico. Pero tan libremente se inspira que de ese corto sólo quedó la idea de una valija peligrosa, el nombre Walter para un junior y la presencia de una paloma singular en Washington DC. Lástima que no haya quedado también la buena música de jazz de su banda sonora.
“Espías a escondidas” (“Spies in disguise”, EE.UU., 2019). Dir.: N. Bruno y T. Quane Animación.




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