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Winfried Georg Sebald fue un escritor tardío que escribió su primera novela («Vértigo») en 1990, a los 46 años. Pero en la década siguiente publicó otras tres obras («Los emigrados», «Los anillos de saturno» y «Austerlitz») que lo convirtieron en autor de culto. Cuando ya muchos pensaban que obtendría el Nobel de literatura Sebald perdió la vida en un accidente automovilístico, a consecuencia de un infarto que lo hizo estrellarse contra un camión, en diciembre de 2001. Triste fin para un escritor viajero profundamente humanista que se empeñó en rescatar del olvido a las generaciones pasadas («Recordar a los muertos nos distingue de los animales», declaró) para evaluar su peso e influencia en la sociedad actual.
Nunca dejó de rastrear en su historia familiar y en la de su Alemania natal, donde su obra fue al comienzo ignorada quizás por considerársela dentro de la mal llamada «literatura del Holocausto»; aún cuando el autor trató el tema del exilio, la persecución política y los horrores del nazismo, siempre en forma tangencial y a través de la anécdota pequeña, el relevamiento de vidas anónimas y los detalles captados al azar en su continuo peregrinaje por distintas ciudades.
Su prosa es de extraordinaria precisión y trasciende el mero registro testimonial. Ni confesional, ni documentalista, su estilo se resiste a ser clasificado y debe su eficacia tanto a su calidad poética como a las preocupaciones morales y metafísicas que anidan en sus historias. Todas evocan vidas verdaderas -al menos en un sentido muy general-; pero como han sido trabajadas con un criterio decididamente literario, bien se las puede considerar ficción.
«Los emigrados» es un buen ejemplo. Reune 4 relatos sobre personas que fueron obligadas a abandonar su tierra natal y su lengua materna. Tema que está íntimamente ligado al sentimiento de «extraterritorialidad» que acompañó al escritor durante toda su vida (aunque desde los 21 años vivió en Inglaterra por decisión propia y desarrolló allí una interesante carrera de profesor universitario de literatura, nunca pudo superar su condición de outsider).
Las historias que articulan este volumen disparan infinidad de temas, personajes y referencias culturales y a la vez se concentran en las experiencias vitales de Henry Selwyn (esposo de una antigua casera de Sebald y ex médico); Paul Bereyter (un adorable maestro de pueblo, cuya historia puede conmover hasta las lágrimas); Ambros Adelwarth (un tío abuelo del escritor, de aparente extravagancia) y el pintor judíoalemán Max Ferber (enviado por sus padres a Inglaterra al iniciarse la persecución nazi). El narrador brinda un conmovedor retrato de estos seres, desgarrados por la nostalgia, la soledad y el sentimiento de no pertenecer a ningún sitio.
Sebald ha sido comparado con Borges, Bernhard, Robert Walser, Claudio Magris, Sergio Pitol y hasta con Enrique Vila-Matas (quien se declaró admirador suyo), y eso a pesar de que Sebald -a diferencia del escritor español- nunca utilizó la ironía ni jugó a las escondidas con el lector inventándose otras personalidades. Su principal empeño fue resultar creíble. Tal vez por eso incluyó en todas sus novelas fotos en blanco y negro que refuerzan la presencia de lo real.