Wolf Vostell, «Heuschrecken» (1969), Museo de Arte Moderno de Viena.
Los artistas argentinos sobresalientes no aparecieron -como sucede también en el resto del mundo- por generación espontánea. Se nutren de los antecedentes creativos inmediatamente anteriores ó a veces más lejanos. Tal es el caso de maestros como Antonio Berni, Carlos Gorriarena, León Ferrari, Marta Minujin o Luis Felipe Noé. Todos ellos están relacionados con los grandes cambios que se dieron en Latinoamérica, Europa y en Estados Unidos a partir de la Segunda Guerra.
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Entre esos cambios queremos rescatar a Fluxus que surgió a partir de los conciertos y festivales que organizó George Maciunas en los años 1962 y 1963. Pero es difícil definir un período, dadas las características del movimiento que fue un fenómeno internacional. En 1994 se presentó en Suttugart una muestra que documentaba más de tres décadas de Fluxus en Alemania que se denominó «Una larga historia con muchos nudos». «Fluxus-arte-diversión debe ser simple, entretenido y sin pretensiones, tratar temas triviales, sin necesidad de técnicas especiales ni realizar innumerables ensayos, sin aspirar a tener ningún tipo de valor comercial o institucional», señaló su coordinador, Maciunas (1931-1978) de origen lituano pero radicado en Nueva York.
Sus conciertos eran mezcla de happenings, aunque menos rígidos: música experimental, poesía y actuaciones personales. Fluxus no se dejó encasillar dentro de ningún concepto: ni pintura, ni escultura, teatro, cine o música, a pesar de haber nacido en el contexto de la vanguardia musical y de que su existencia sería impensable sin John Cage.
Con «Untitled Event» («Acontecimientosin título»), Cage se propuso una original fusión de cinco artes: el teatro, la poesía, la pintura, la danza, y la música. Quiso que cada discurso conservara su individualidad y, al mismo tiempo, que todas ellas formasen un conjunto distinto, o sea un sexto discurso.
Aplicaba a esta obra su tesis sobre el azar y la indeterminación, que venía empleando para la música y, junto a su pareja, el bailarín Merce Cunningham, para la renovación del ballet.
En Colonia residieron Nam June Paik y Wolf Vostell. Éste reconoció «Soy uno de los que creen que sin el Happening no hubiese existido Fluxus. Fue la variedad de su estética musical lo que nos acercó a Fluxus, su manera de interpretar, que iba de la música a la acción, de la vida, del pensamiento,a la música de comportamiento».
En Berlín estaba Tomas Schmit. En París coincidieron Robert Filliou, economista y poeta, y Emmett Williams, también poeta. Niza era y sigue siendo la residencia del comerciante y artista Ben Vautier; Arthur o Addi Köpcke, artista y galerista de vanguardia, procedía de Copenhague, y el pintor Milan Knizák de Praga.
También realizaron extraños objetos como un «instrumento musical» Ur Musik de Paik, que consistía en una caja de madera con alambres tensados que producían sonidos al girar las latas de conservas. Los Flux-Kits eran una serie de juegos, valijas con objetos realizados por distintos artistas: estampillas y matasellos Fluxus (Mail Art), pancartas, libros de tirada limitada, panfletos y carteles.
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