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4 de septiembre 2026 - 18:15

Una semana a puro Japón con cine clásico y tambores taiko en Buenos Aires

La Sala Lugones proyectará siete películas restauradas de Shohei Imamura y el Teatro del Globo recibirá un espectáculo con más de 20 tambores tradicionales. La agenda tendrá en noviembre un capítulo adicional en Mar del Plata.

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El ciclo dedicado a Shohei Imamura comienza este jueves en la Sala Lugones (Foto: La balada de Narayama).

MUBI

Dos muestras relevantes de la cultura japonesa tienen lugar esta semana: un ciclo dedicado al maestro Shoei Imamura en Sala Lugones, desde este jueves, y un espectáculo de más de 20 tambores tradicionales en el Teatro del Globo, el sábado. Y ya se prepara un bonus para noviembre, pero en Mar del Plata.

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Humanista ácido, desinhibido autor de comedias dramáticas llenas de erotismo, sarcasmo y un raro sentido del humor, y de dramas intensos sobre la posguerra y el Japón de tiempos anteriores, Imamura dejó una treintena de películas muy variadas, de las cuales se verán apenas siete, pero en copias restauradas de 35 mm y digitales 4K directamente enviadas por The Japan Foundation desde Tokio.

En agenda, “Cerdos y acorazados” (1961, un joven delincuente aprovecha su trabajo con fuerzas norteamericanas de ocupación), “La mujer insecto” (1963, en deplorable ascenso social una joven campesina va pasando de explotada a explotadora), “Intenciones de asesinato” (1964, agobiada por toda su familia y encima un ladrón que la somete, un ama de casa empieza a cambiar su cabeza), “El profundo deseo de los dioses” (1968, choque entre un ingeniero venido de Tokio y los habitantes de una isla, perversos y ajenos a ciertos tabúes sexuales), “Madam Onboro” (1970, documental de subtítulo revelador: “Historia del Japón de la posguerra contada por una camarera”, primero de una serie de documentales que convendría conocer), “La balada de Narayama” (1983, dolorosa historia de campesinos dominados por la economía de subsistencia y las más crueles tradiciones, película que irónicamente está programada para un domingo a la tarde) y la regocijante, pese a todo, “Kanzo sensei- Doctor Akagi” (1998, durante la guerra el médico de pueblo sobrelleva todo, incluso una ayudante sensual medio salvaje).

Quedan para otra ocasión, por ejemplo, “Mi segundo hermano”, “Los pornógrafos”, “En busca de los soldados que no volvieron”, “La venganza es mía”, “Zegen, el señor de los burdeles”, “Lluvia negra” (consecuencias de la bomba atómica) y un corto sobre un infeliz que vuelve trastornado a su aldea y que terminaba diciendo “No existe guerra santa”. Ese fue su último trabajo.

Tambores

En el marco de los 140 años de la inmigración japonesa en Argentina, el sábado podrá verse un espectáculo titulado “El resonar del taiko”, donde participan unos veinte tambores tradicionales, algunos de más de tres metros de alto, Quien vio la reciente puesta de “Cyrano” ya puede hacerse una idea, porque allí se los escuchaba en dos ocasiones, particularmente en el quinto acto, cuando el duelo final (pero no tan a pleno como prometer ser ahora).

El taiko nació en los años 50 como una suerte de proyección folklórica y en esta ocasión se reúnen el veterano Yuta Kato, en una de sus últimas actuaciones (tiene pensado retirarse el año próximo), el grupo UnitOne con sede en EEUU y el grupo local Nikoyan Wadalko dirigido por Gastón San Cristóbal, el único discípulo latinoamericano de Eitetsu Hayashi, que es la máxima autoridad del taiko contemporáneo.

“El resonar del taiko” reunirá este sábado a más de 20 tambores tradicionales en el Teatro del Globo.

Este hombre ya vino en otras ocasiones. Nacido en un pueblo montañoso cerca de Hiroshima, se crió en un templo budista (su padre era monje). Atraído desde chico por el sonido, a los 19 años entró a formar parte de un grupo de taiko. Así fue creciendo, cambiando de grupo, aportando lo suyo y siendo reconocido al punto de ser invitado a tocar en el Carnegie Hall durante la temporada 1984. El fue el primero en llevar esa música al famoso Carnegie.

Por su parte, San Cristóbal empezó a escuchar taiko mientras estudiaba japonés en Buenos Aires. Gracias a una beca del gobierno de Japón para cursar un master universitario pudo acercase al maestro Hayashi y otros artistas. De regreso decidió invertir en la mayor cantidad posible de taikos profesionales y fundó Nikoyan, un centro dedicado exclusivamente a las artes escénicas japonesas. El grupo ya ha tocado con Angel Mahler, con Cuti Carabajal y en el “Cyrano”, como ya fue dicho. “Esto representa mucho de lo que soñabamos cuando empezamos diez años atrás: demostrar que un arte nacido en Japón puede encontrar nuevas voces en Argentina sin perder de vista su origen”, dice San Cristóbal.

Bonus marplatense

Para irse preparando: la Embajada de Japón llevará este año al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cuatro clásicos protagonizados por otras tantas estrellas de la vieja época: “Una historia en Tokio” (Yasujiro Ozu, con Sestuko Hara, 1953), “La vida de Oharu” (Kenzi Mizoguchi, con Kinuyo Tanaka, 1952), “Los amantes crucificados” (también Mizoguchi, con Kyoko Kagawa, 1954) y “Carmen vuelve a casa” (Kaisuke Kinoshita, con Hideko Yakamine, 1951). De ellas, solo sigue en pie Kyoko Kagawa, que trabajó hasta 2009 y en diciembre próximo cumple 95 años.

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