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10 de agosto 2006 - 00:00

"Volver" recupera al mejor Almodóvar

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Penélope Cruz en la escena del tango «Volver» en versión flamenco: Almodóvar regresa su cine más inspirado.
«Volver» (Id. España, 2006; habl. en español). In.: P. Cruz. C. Maura, L. Dueñas, B. Portillo, Y. Cobo y otras.

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Tras el traspié de «La mala educación», el mejor Almodóvar volvió con «Volver». Por primera vez en su obra, a los 57 años, el cineasta se permitió lo que nunca antes: un examen directo, noble e imaginativo, humorístico pero respetuoso a la vez, de su propio terruño, la Mancha.

«Volver» es su primera película profundamente manchega: sus mujeres no están al borde de un ataque de nervios sino sofocadas por el viento solano y alimentadas a habladurías; divididas, en palabras de Buñuel, entre la modernidad y el Medioevo. Da lo mismo que sean lloronas piadosas y compulsivas repetidoras del Ave María, enfundadas de negro junto a la difunta del día, como habilidosas sobrevivientes en medio de la neurosis de la fauna urbana.

Todas ellas provienen de la misma fuente y están marcadas por ese origen: el de las planicies agobiantes junto al río Júcar. el del folklore de aparecidos y almas en pena. El mejor símbolo de la película son esos molinos de viento que ya no son los rústicos del Quijote sino los modelos más nuevos y refinados. Pero las leyendas son las mismas.

«Volver» es, así, un melodrama jocoso sobre aparecidos, cuyo tremebundo argumento, que poco a poco va intuyendo el espectador hasta la confirmación final, se vale de todas aquellas habladurías populares, con sus tabúes y sus tragedias adyacentes. No es difícil detectar algunas de sus heterogéneas inspiraciones, que van desde el teatro de Jacinto Benavente a «Chinatown» de Polanski.

El guión es chispeante y mordaz, aunque en este caso la típica ironía almodovariana nunca deja de rendirle homenaje a esa tierra y sus gentes. Tal vez la película no alcance la misma altura dramática de «Hable con ella», aunque su ingenio, cierta recuperación de aquel humor de sus primeras épocas, y también su emotividad, la ubican sin duda entre lo mejor de Almodóvar.

El elenco femenino, con muchas «reaparecidas», es el bastión principal: Penélope Cruz, esplendorosa protagonista, es la Raimunda, una mujer que debe cargar sobre sus espaldas un crimen que no cometió y sobrellevar un terrible secreto de su juventud. Como en los mejores melodramas, ese secreto la distancia y a la vez la identifica con los destinos de otros personajes.

A Carmen Maura, la madre «aparecida», le toca jugar directamente con el mito. Un papel que sólo podía escribir Almodóvar para ella y que es casi una declaración de amor a la que fue su actriz favorita durante tantos años; un personaje que es reconciliación dentro y fuera de la película. Lola Dueñas, la «Sole», hermana de Raimunda y peluquera creyente, está en el punto medio entre la inocencia y la sabiduría.

Blanca Portillo, la Agustina de pelo rapado y exceso de infortunios, es de alguna forma el personaje clave de la historia: su indeclinable deseo de descubrir el paradero de su propia madre desata la historia. Finalmente, el elemento adolescente lo encarna Yohana Cobo, la Paula, hija de Raimunda, cuyo desdén por las tradiciones no la liberan del mismo destino. Para los fans del director hay una reaparición invalorable,aunque breve: la de Chus Lampreave.

«Volver», desde la brillante apertura de las mujeres limpiando lápidas y cantando, tiene varias escenas extraordinarias aunque, si hubiera que nombrar una sola, sería la de la versión flamenco del tango «Volver» que, en un restaurante, hace Penélope Cruz (aunque doblada): no sólo por su luminosidad y alegría, sino por la encrucijada de miradas en que se produce ese baile y ese canto. La mejor síntesis del mejor Almodóvar.

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