(21/02/2001) Los estrenos de mañana incluyen «Hannibal», la esperada continuación de «El silencio de los inocentes» que hizo valer esa expectativa en la taquilla, al menos en EE.UU., donde superó la barrera de los 100 millones de dólares en sólo 10 días de exhibición. Algo parecido ocurrió con la novela de Thomas Harris (el mismo autor de «El silencio...»), soporte del film, cuya demorada aparición se convirtió en su momento en otra película de suspenso, así como la definición del elenco y la elección del director de esta secuela.
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Recuérdese que Jodie Foster rehusó volver a interpretar a Clarice Starling, la agente del FBI que consigue lo que nadie del doctor caníbal Hannibal Lecter, y tras una larga búsqueda, el papel quedó en manos de Julianne Moore, una actriz reconocida y dos veces nominada al Oscar (por «Boogie Nights» y «El fin de un amor»), pero aún sin el estrellato necesario como para aspirar a un cachet como el de Foster, ni mucho menos. Jonathan Demme, el oscarizado director del original también fue reemplazado por Ridley Scott («Gladiador», «Blade Runner»). Anthony Hopkins vuelve a personificar a Lecter, en el caso con una nueva personalidad en Florencia, tras fugarse en el final de «El silencio de los inocentes». Allí lo investiga, por asuntos lejanos a sus preferencias alimenticias, un codicioso policía italiano encarnado por Giancarlo Giannini (quien, dicho sea de paso, disfrutó de la mayor exposición de su carrera en el reciente Festival de Cine de Berlín por este papel secundario).
Además de la agente Starling, Hannibal tiene otro archienemigo: un magnate de oscuro pasado (un Gary Oldman irreconocible) que sólo vive para vengar las horrorosas consecuencias de un encuentro con el protagonista. Ray Liotta hace otro tipo de villano, y el film, en general, viene precedido de noticias de gente muy impresionada dondequiera que se haya visto ya: parece que en escenas crudas supera ampliamente a la primera.
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