22 de marzo 2001 - 00:00

"Yo no reniego del policial, pero sí del encasillamiento"

Rubén Tizziani.
Rubén Tizziani.
Rubén Tizziani es conocido por sus historias policiales, tres de las cuales han sido llevadas al cine, pero a él le molesta que en el territorio de la literatura criolla, «tan cargada de prejuicios», se lo señale como autor de policiales, cuando ha escrito otro tipo de historias. En su nueva novela, «Un tiburón de ojos tristes», que acaba de publicar Catálogos, mezcla el estilo del policial con el de la novela de aventuras, elige el paraíso turístico de las Antillas para contar de la reacción de la gente frente a una catástrofe y a un asesino serial. Dialogamos con el autor.

Periodista: ¿»Un tiburón de ojos tristes» es otra de sus novelas policiales?

Rubén Tizziani:
Una novela de aventuras. Soy un autor a quien se le ha endilgado, no de manera gratuita pero sí exagerada, el mote de escritor de policiales. He hecho algunas otras cosas, no sólo novelas policiales. De las siete que llevo escritas, si dejamos a ésta afuera, hay tres policiales y tres que no tienen nada que ver con el género.

P.: ¿Cuáles son las policiales?


R.T.:
En orden de aparición: «Noches sin lunas ni soles», «El desquite» y «Todo es triste al volver». Las no policiales: «Las galerías», «Los borrachos en el cementerio» y «Mar de olvido». «Un tiburón de ojos tristes» arranca como una novela policial, de hecho me siento muy cómodo en el género y no reniego de él pero, como éste es un lugar de prejuicios, me molestan las casillas. Esta novela escapa tanto al género policial como al de aventuras. De alguna manera intenta, como suele ocurrir, un subtexto detrás de la historia. Uno siempre quiere decir algo más, de la manera menos explícita posible.

P.: ¿Cuál de las películas basadas en sus novelas le gusta más?


R.T.:
Se filmaron «Noches sin lunas ni soles» y «El desquite», después hice un guión original que se convirtió en «Seguridad personal», una película muy dura, muy derecha, muy directa. Las dirigieron José Martínez Suárez, Di Salvo y De Sanzo. La que más me gusta es «Noches sin lunas ni soles», creo que Martínez Suárez tiene un mundo más próximo al que yo manejo y por eso salió más parecida a la novela. Conservó no sólo la historia, sino la metafísica del libro.

P.: Su novela es una historia que reúne muchas historias.


R.T.:
Es una novela de personajes. Creo que conseguí dotarla de suspenso, tiene una historia que evoluciona y que es lo primero del libro, y un final sorpresivo. Cada personaje lleva una historia. Al ubicar a gente de diverso origen, marginal y extraña, en un sitio como el que describo, una isla en las Antillas, el texto me fue llevando a que cada cual tuviera una historia propia.

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P.: ¿Por qué uno de sus personajes centrales es una tarotista?
R.T.: Apareció y se impuso de una manera contundente. Los escritores se dividen entre los que dicen que la obra los conduce, y los que sostienen que uno conduce a la obra. Picasso decía que la forma lo llevaba en su cuadros. Nabokov, por el contrario, literalmente ha dicho «mis personajes son galeotes, hacen lo que yo quiero». A mí me pasan un poco las dos cosas. El personaje de la gitana-central porque a su alrededor gira toda la historia-apareció como una mujer que avizora el caos y adivina las grandes y las pequeñas desgracias.

P.: ¿Y el tiburón?

R.T.: (Ríe.) Apareció al final, como una presencia también necesaria. En realidad en la novela hay dos personajes que aparecen por necesidad de la historia. En la gitana nace la historia, por lo tanto está antes que la historia. Hace años que llevaba en mí la idea de un personaje central que fuera una especie de Casandra moderna, que tuviera que ver con los arcanos y el azar, que fuera tarotista o mirara la bola de cristal era algo secundario. Lo que ocurre es que el tarot es muy literario, y como no practico las artes adivinatorias, tuve que estudiarlo, como tuve que estudiar a los tiburones.

P.: Usted señaló dos personajes centrales, ¿cuál es el otro?


R.T.: El Canario
, un uruguayo medio españolizado, que surgió por necesidad del texto. Al principio los personajes que se ponían a resolver los crímenes eran la gitana y un militar. El diseño del militar es muy cuidadoso porque aparecía destinado a algo mayor, pero por alguna razón no pude seguir con ese personaje en ese nivel de importancia en el libro. En ese punto se me empantanó la novela. La historia reclamaba otro personaje que viniera a resolver los crímenes y es ahí que aparece El Canario. A la vez, a medida que se van revelando las claves, era necesario una especie de ángel vengador que decidiera qué se hace con el culpable, y ahí el tiburón me pareció clave.

P.: ¿Por qué eligió un lugar y unos personajes tan excéntricos?


R.T.:
En general todo libro de acción, como éste, pide diálogo. El diálogo les hace bien a algunas novelas. Y no pude dialogar en este libro porque no tuve la plata suficiente para hacer los viajes necesarios para capturar el lenguaje que podía hablar la comunidad variopinta que vivía en ese lugar. Un uruguayo expatriado durante 30 años en España, una española expatriada en las Antillas durante 30 años, un argentino que se expatría en Lima y después lo envían a Panamá y que aparece ahí vendiendo autos que no andan a clientes inexistentes, un francés caído ahí, la comunidad de los italianos, y un montón más. La población se arma del mismo modo como ocurre en las poblaciones de paso, en los puertos, en las rutas de paso. Y así como tiene un condicionamiento previo en las ideas, es el libro que yo me permití escribir con mayor libertad.

P.: ¿Después de esta novela qué?


R.T.:
Estoy trabajando en novela, que no es histórica pero se basa en un personaje real, para escribirla tengo que volver a mi pueblo, Vera, en el norte de Santa Fe, porque se desarrolla allá. El personaje vagabundeó por esos lares entre los años '30 y '40. Vera es un pueblo metido en medio del desierto que quedó después de la explotación quebrachera de La Forestal. Tengo dos anclas en mi literatura: mi pueblo natal y el Río de la Plata. Por otro lado estoy con una serie de textos, pequeños ensayos que no sé qué forma van a tener porque van de dos carillas a treinta, y que tienen que ver con la literatura, el lenguaje, con mi pueblo, con el tango, con los escritores. Sentí necesidad de sistematizar y recuperar un conjunto de ideas que esparcí en trabajos periodísticos. Y quiero trabajar el tema de la literatura desde adentro, contar qué significa para uno el lenguaje, cómo aparece la necesidad de escribir, qué cosas actúan como detonantes en cada caso. Luego de cincuenta años con la literatura consideré que a mí me iba a ser útil esa reelaboración, y quiero creer que también puede servir a interesados en el arte y la escritura.


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