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En los relatos y novelas de Banana Yoshimoto ( Japón, 1964) siempre hay una intensa conexión entre el ambiente mundano y casi frívolo en el que se mueven sus personajes -similar al de cualquier gran ciudad- y el mundo de los muertos, incorporado muy naturalmente en la vida familiar. Este rasgo emparenta a Yoshimoto con otro escritor muy apreciado en Occidente, Haruki Murakami, autor de la magnífica e inclasificable «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo», su novela más lograda.
Ambos autores son producto de una sociedad educada en el culto a los antepasados y que cultiva, aún hoy, una sofisticada variante de animismo naturalista.
La literatura universal abunda en experiencias paranormales, pero generalmente éstas han estado asociadas al género de terror, a la literatura fantástica o al realismo mágico. Aquí, en cambio, esas manifestaciones adquiere un rango más espiritual si se quiere, ya que derivan de los conflictos amorosos y las profundas crisis existenciales que atraviesan sus protagonistas.
La popular autora de «Kitchen» y «N.P.» reúne en «Sueño profundo» a tres heroínas con muchos puntos en común. Y ellas mismas son las encargadas de narrar sus experiencias. En el primer relato que da título al libro, la protagonista pasa la mayor parte de su tiempo durmiendo. Afectada por el suicidio de su mejor amiga -una especie de prostituta dedicada a velar el sueño de sus clientes- la joven vive en estado casi larval mientras sale con un hombre casado cuya mujer está en coma. En la segunda historia, «La noche y los viajeros de la noche», la chica en cuestión elabora el duelo por la muerte de su hermano a través de dos jóvenes que lo amaron. Una de ellas sale de noche en pleno invierno descalza y en un estado próximo al sonambulismo, pero también el resto de los personajes tiende a confundir el sueño con la realidad. Por último, «Una experiencia» describe el encuentro (vía hipnosis) que mantiene la protagonista con una antigua rival ya fallecida, a la que odiaba. Años atrás, ambas habían formado parte de un humillante triángulo amoroso, pero esta inesperada cita de ultratumba les permite hacer las paces y reconocer por fin su mutua atracción.
No es mucho lo que sucede en estas tres narraciones puesto que la vida cotidiana de sus personajes es muy sencilla y se reduce a la mínima actividad. Sin embargo, estos individuos modernos y a veces banales, transmiten sus peripecias internas con una melancolía embriagadora. Sus sentimientos y emociones resultan particularmente subyugantes debido a la maestría estilística de esta escritora.
Con trazos muy suaves, Yoshimoto va describiendo el dolor de una pérdida, la sensual disposición a sumergirse en el vacío o la aún más extraña costumbre de atender a los muertos para lo que éstos tengan que decir o enseñarnos.
Algunos críticos han tildado su obra de superficial y escapista, pero sus fans ven ella un acertado testimonio de las frustraciones que viven los jóvenes en el Japón de hoy. Un fenómeno que sin duda comparten sus lectores occidentales.
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