Esta producción cumple con todos los requisitos del género: orquesta completa en el foso, coro, elegante vestuario ajustado a la época, es decir, la semana de Carnaval en Madrid en el año 1840. Escenografía con telones pintados de buena factura, y hasta excelentes bailarinas que siguen una coreografía de
Es que esta versión está muy solemnizada, pensada y realizada más como una ópera en castellano que como representante de una de las facetas divertidas del arte de representación. En este sentido los protagonistas siguieron la misma estética, sin las zafaduras lícitas en la zarzuela. La protagonista,
En resumen, un colorido espectáculo ajustado a la tradición en su propia catedral, que al estar enfocado con tanto rigor se extraña su gracia natural, la que puede aparecer en próximas funciones, ya que se augura una larga temporada.
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