Política

Espera "eterna", ansiedad y falta de respuestas en el centro de cómputos

La demora en la difusión de los primeros datos cargó de tensión la sede del Correo Argentino, donde se llevó a cabo el escrutinio provisorio.

La cuenta regresiva llegó a cero a las 21. Sin embargo, a la hora señalada, no hubo novedades sobre los primeros resultados de las PASO. En el centro de cómputos -y en todo el país- la espera se alargó. Se hizo eterna. Es que, más allá de que el escrutinio provisorio avanzaba, los telegramas que llegaban desde la Provincia de Buenos Aires no alcanzaban a cubrir el 10% requerido en el fallo de la jueza María Servini para brindar los primeros guarismos. Esa fue, al menos, la explicación oficial. Entonces, los minutos pasaron y cargaron el ambiente de tensión en la sede del Correo Argentino. Incluso corrió el trascendido de que el sistema de carga de datos se había “caído”, aunque aclararon que la falla se produjo en el sector donde trabajaban los fiscales informáticos. La ansiedad creció, sobre todo por la ausencia de algún testimonio oficial. La incredulidad sobre lo que ocurría se volvió todavía más palpable cuando, pasadas las 22, Mauricio Macri reconoció la derrota antes de que se difundieran los resultados.

Recién a las 22.30, una hora y media después de lo previsto, el ministro del Interior Rogelio Frigerio y el secretario de Asuntos Políticos Adrián Pérez anunciaron la publicación de los primeros porcentajes. “Habiendo cumplido con la disposiciones de la Justicia con la carga mínima para presentar los datos, con el 58,7% de los votos escrutados, tenemos 47% para el Frente de Todos y 32 para Juntos por el Cambio”, dijo Frigerio, quien justificó la demora en la entrega de los resultados por el fallo de la Justicia. “El nivel de carga ha sido muy superior en otras ediciones PASO, el nivel de carga es muy alto. La carga fue dispar en aquellas provincias donde hubo simultaneidad”, agregó Adrián Pérez.

Las denuncias realizadas por el Frente de Todos en los días previos a la PASO en torno al sistema para llevar a cabo el escrutinio provisorio, habían puesto la lupa en lo que ocurría en la sede del Correo Argentino en el barrio de Barracas. Allí se montó una vez más el centro de cómputos, donde 850 personas contratadas por la empresa Smartmatic (había otras 850 en Monte Grande) recibieron los telegramas provenientes de todas partes del país para cargarlos al sistema. El recinto, blindado con fuertes medidas de seguridad (hubo que atravesar un escáner para acceder) albergó a decenas de periodistas.

Minutos después de las 18, el ministro Frigerio y Adrián Pérez brindaron una escueta conferencia de prensa en la que agradecieron a la ciudadanía, a los fiscales de mesa y a las autoridades del poder judicial que hicieron posible el desarrollo de las elecciones. “Votó cerca del 75% del padrón, es un número muy alto por tratarse de unas primarias”, dijo Frigerio, quien además se refirió al fallo de la jueza Servini, que instó a que los primeros resultados del escrutinio se dieran a conocer una vez que se alcance el 10% de las mesas escrutadas en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires. “Por ese motivo el recuento puede demorar un poco más”, avisó Frigerio. Pero la espera se hizo más larga de lo previsto.

La disposición de Servini se dio luego de un recurso de amparo presentado por el Frente de Todos. Incluso el propio Alberto Fernández habló del tema luego de votar y apuntó contra la empresa Smartmatic, la encargada de llevar adelante el escrutinio provisorio. “El gobierno hizo todo lo necesario para que haya dudas sobre el sistema de traspaso de datos, hay mucha preocupación porque la empresa encargada tiene unos antecedentes horribles”, dijo el ahora candidato a presidente. Más allá de que la resolución generó que la difusión de los datos comenzara algo más tarde de lo previsto, no alteró el trabajo en el centro de cómputos. Es que, según dijeron desde la Dirección Nacional Electoral a este diario, el modus operandi no se modificó: “Los datos se cargaron a medida que fueron llegando”. Con el nuevo sistema, fue posible transmitir los datos al Correo Central de manera directa desde 11.000 colegios de todo el país. En aquellos lugares donde la infraestructura no lo permitió, las urnas siguieron el camino tradicional.

Designada por la Justicia Electoral, desde la Defensoría del Pueblo de la Ciudad se llevaron a cabo durante toda la jornada controles en 300 escuelas de capital federal y su titular Alejandro Amor explicó que el 62% de las mesas relevadas abrió a las 8 y que el 92% de los presidentes de mesa electos dieron el presente: casualidad o no, la mitad fueron mujeres y la otra mitad varones. Además, en un 84% de las mesas se encontraron todos los elementos necesarios y en los que hubo algún faltante se pudo solucionar rápidamente. Una vez cerrados los comicios, la atención se centró en fiscalizar el envío de los telegramas desde las escuelas y la recepción de los datos en la sede del Correo Central. Allí, diez peritos informáticos presenciaron que todo ocurra según lo establecido. “Para nosotros, no es tan importante el tiempo. Pero sí la seguridad del voto”, resumió Amor.

Después de las 19 comenzaron a llegar los primeros telegramas. En salones aislados, custodiados por personal de Gendarmería y a los que los medios no pudieron acceder, los denominados “data entry” iniciaron el proceso para cargar los datos. En el centro de cómputos comenzó una especie de vigilia. Cuatro pantallas emitían distintos canales de noticias y el rumor de los primeros boca de urnas se propagó por la sala de prensa. También trascendió la versión de que el sistema se había “caído” -denuncia difundida, entre otros, por el apoderado del Frente de Todos Jorge Lando- pero fuentes del Ministerio del Interior lo desmintieron y desde la Defensoría sostuvieron que el problema estuvo en la red de los fiscales, que por un tiempo no pudieron seguir cómo se cargaban los telegramas. Pasadas las 20, se habían cargado cerca de 20 mil telegramas. Pero, según esgrimió el Gobierno, la demora en la Provincia de Buenos Aires dilató la espera. Pasadas las 22, periodistas y veedores internacionales se agolparon en la sala. Todas las cámaras apuntaban a una pequeña puerta por la que debía aparecer el ministro Frigerio. Hasta que, una hora y media después de lo previsto, la espera llegó a su final.

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