El oro profundiza su retroceso y toca este miércoles su nivel más bajo en seis meses, en medio de un escenario marcado por el aumento de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, la suba de los precios de la energía y una creciente expectativa de que la Reserva Federal mantenga una política monetaria restrictiva durante más tiempo.
El metal precioso cayó hasta los u$s4.168 por onza en el mercado spot, acumulando una baja de 2% en la jornada tras haber retrocedido otro 1,6% en la rueda anterior. Los contratos de futuros con vencimiento en agosto también acompañaron la tendencia y descendieron hasta los u$s4.188 por onza.
La presión sobre el oro se produce en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica. Los recientes enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán volvieron a elevar la tensión en Medio Oriente y complicaron las perspectivas de alcanzar una tregua en la región. Tras los ataques estadounidenses sobre objetivos vinculados a Irán, Teherán respondió con amenazas de represalia y posteriormente lanzó drones contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin, según reportes de medios estatales iraníes.
La posibilidad de una escalada prolongada en la región volvió a poner el foco sobre el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Como consecuencia, el petróleo llegó a superar momentáneamente los u$s93 por barril antes de moderar parte de las ganancias.
Sin embargo, lejos de beneficiar al oro como activo de refugio, el encarecimiento de la energía comenzó a generar preocupación por su impacto sobre la inflación global. Los inversores consideran que una aceleración de los precios podría obligar a la Reserva Federal a mantener las tasas de interés elevadas durante más tiempo e incluso evaluar nuevas subas, un escenario que suele perjudicar al metal precioso debido a que no genera rendimientos financieros.
Qué datos sigue el mercado
La atención de los mercados ahora se concentra en los datos de inflación de Estados Unidos. Las previsiones apuntan a una inflación anual cercana al 4,2%, el nivel más elevado de los últimos tres años. Los analistas consideran que no sólo será relevante el dato general, sino también la composición de la inflación, especialmente para determinar si las presiones provienen exclusivamente del aumento de la energía o si comienzan a extenderse a otros sectores de la economía.
Desde el punto de vista técnico, la situación también se deterioró para el oro. La reciente perforación de la media móvil de 200 días generó nuevas señales de venta entre inversores institucionales y fondos de inversión. Como resultado, el metal acumula una caída cercana al 20% respecto de los niveles observados durante los momentos más críticos de la crisis entre Estados Unidos e Irán.
Los analistas advierten que la debilidad podría extenderse en el corto plazo si continúan aumentando las expectativas de tasas altas en Estados Unidos. Además, una caída adicional podría afectar la rentabilidad de numerosas posiciones en fondos respaldados por oro, generando nuevas ventas. En ese escenario, el próximo nivel de soporte técnico relevante para el mercado se ubica en torno a los u$s4.100 por onza.