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4 de septiembre 2026 - 00:00

Lo que se dice en las mesas: los inversores empiezan a jugar una "previa" electoral cargada de tensión

Las mesas financieras ya ponen el foco en los seis meses previos a las elecciones, mientras crecen las dudas sobre la actividad, la morosidad y el futuro del programa económico. En ese escenario, los inversores vuelven a debatir entre cobertura cambiaria e inflacionaria.

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Quizás la palabra más escuchada en este último tiempo sea reactivar, en lo que podría decirse que integra ahora el giro idiomático del oficialismo frente al deterioro de los indicadores de opinión pública.

Dentro de una apatía generalizada, donde los bonos Globales se defienden a capa y espada, las conversaciones en el mercado giran alrededor de un abanico dispar de temas que van desde las mejores coberturas y el humor social hasta la causa Malvinas, por sus implicancias económicas. Sin embargo, quizás la palabra más escuchada en este último tiempo sea reactivar, en lo que podría decirse que integra ahora el giro idiomático del oficialismo frente al deterioro de los indicadores de opinión pública, que tienen en el problema de la morosidad a su principal mascarón de proa.

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Al decir de un profesional muy cercano al Presidente, hay que olvidarse de que afloje en el tema fiscal con tal de reactivar. No hay mucho margen, más que esperar inocuas medidas como los créditos hipotecarios y los nominados en dólares, y una que otra postergación de tarifas públicas. El resto, algo de acelerar concesiones viales, etc. Por ende, nadie espera un repunte del nivel de actividad en el corto plazo. Mucho contrapunto con el tema morosidad.

La morosidad frena el crédito y complica la reactivación

Lo cierto es que, como se venía advirtiendo desde esta Sección del diario, ya en octubre pasado aparecieron señales de lo que se vendría, no solo de la mano del boom crediticio de 2025, sino de la fuerte suba de las tasas de interés, y ahora eclosionaron ante los problemas de empleo y de los ingresos familiares.

Más vale que el Gobierno se ocupe del tema, aunque ya es tarde, porque la mora seguirá trayendo cola, alertaban economistas afines al oficialismo. ¿Por qué decían esto? Sencillamente, porque si bien es un problema entre privados, como les gusta decir a Milei y al Toto, termina teniendo un efecto macro. Ocurre que hoy en día los bancos ya no les dan crédito ni a los que pueden pagarlo. El freno es fuerte.

La morosidad alcanza casi a 6 millones de deudores en Argentina.

El mercado ya mira los seis meses previos a las elecciones

En otro orden de cosas, todos juegan al póker electoral sobre las chances de reelección de Milei y, si no, qué, se plantean. Al respecto, en un reducido encuentro financiero, los participantes concluyeron que, a medida que se acerquen los tiempos electorales, en vez de preguntarse quién ganará, cuando hoy falta mucho todavía, la clave pasa por visualizar cómo va a ser la previa de la incertidumbre, es decir, los seis meses previos a la elección. Porque la experiencia de 2025, en cuanto a incertidumbre electoral, fue nefasta. El “Toto” dice que esta vez va a ser diferente, pero, en realidad, nadie lo sabe. Por lo pronto, la gente ya se llevó más de 16.000 millones de dólares y, si todo sigue igual, se irán otros 10.000 millones. Pero ¿y si pasa algo que exacerbe la demanda de divisas y billetes? Por eso, más allá de quién pueda ganar en octubre, el mercado aspira a delinear cómo será ese semestre antes de la elección.

En otra reunión reservada, con cierto sesgo industrialista, mal que le pese al Gobierno, ganadores y perdedores unificaban la pregunta a sus consultores: dígannos si “esto” sigue o no, porque, sean del bando que sean, ganen o pierdan, se deben tomar decisiones hoy en función de si el plan sigue o no. Pero, además del verbo reactivar, lo que cada vez más se cuela en todo tipo de encuentro presencial o virtual es el apellido Bregman. Como ya se viene viendo en los últimos sondeos, se destaca la trepada en términos de imagen e intención de voto de la legisladora de izquierda Myriam Bregman, que hoy se perfila para poder llegar a ser la tercera fuerza, con 8 o 10 puntos, algo a lo que aspiran algunos gobernadores peronistas enrolados en el dialogismo.

En la mesa de operaciones de una gestora europea, el debate se centró en cobertura cambiaria o cobertura inflacionaria, porque, luego de un agosto de tasas de interés en pesos bajo presión, esa es la pregunta que vuelve a ordenar las carteras de inversión. Destacaron que cedió la tensión de liquidez y así la caución se acomodó en torno al 21% nominal anual al cierre de mes. Además, el Tesoro concentró su oferta en instrumentos cortos y el menor roll-over devolvió pesos al sistema. Por lo tanto, tras la vuelta de la calma financiera, el debate se muda de la tasa al riesgo que conviene cubrir. En tal sentido, vuelve a escena el año electoral, a sabiendas de que, a medida que el cronograma electoral se instala en el radar del mercado, la demanda de cobertura cambiaria empieza a ganarle protagonismo a la inflacionaria. Por eso siguen de cerca la arremetida oficial en el Congreso para instalar la reforma política y, en especial, la eliminación o suspensión de las PASO.

Los Treasuries vuelven a marcarles la cancha a los mercados

En un almuerzo en el Jockey entre representantes del círculo rojo comentaron cómo los bonos soberanos globales, en particular los Treasuries, habían vuelto a marcarles la cancha a los mercados. Porque la suba de los rendimientos a niveles no vistos desde 2008 metía presión a las bolsas e imponía una especie de “recalculando” en el GPS de las expectativas sobre tasas de interés, crecimiento e inflación. Al fin y al cabo, lo que se debatió fue cuánto recorrido queda y dónde están las oportunidades. El consenso de la mesa, con mucha gente experimentada en Wall Street y Londres, fue que el rango a monitorear era el 5% en la tasa a 10 años. Pero los más memoriosos señalaron que ya en 2023 se superó ese nivel. Sí ven más movido al bono a 30 años que al de 10, coqueteando con el 5,5%. Otro comensal recordó que, en el boom de las puntocom, la tasa a 10 años, en términos reales, llegó al 4% —hoy está en 2,5%— y el rendimiento, al 6%. Esa sería la línea roja: un 6% para el bono a 30 años.

El derrotero del yen ocupó parte del café. La divisa nipona vuelve a ser el centro de atención con la caída de la paridad dólar-yen porque, según la lectura de los operadores, los mercados siguen reticentes a desafiar la determinación de las autoridades japonesas y estadounidenses de defender el yen. Por ahora, los datos del Banco de Japón indican que no se produjo ninguna intervención importante en estos días, lo que apunta a una preocupación genuina del mercado. Uno de los comensales comentó sobre un inversor no tan conocido, pero sí del calibre del Oráculo de Omaha, un tal Tom Gayner. Hoy dirige Markel Group, una empresa que a menudo se describe como una mini Berkshire Hathaway. Un inversor para seguir.

Además de las elecciones en EEUU, hablaron de las próximas en Brasil: una encuesta de Quaest encargada por TV Globo dice que Lula aventaja a Bolsonaro con un 42% frente a un 41% en una posible segunda vuelta, recortando la diferencia en tres puntos desde mediados de agosto. Otro sondeo de BTG Pactual/Nexus también situó a Lula por delante por tan solo un punto, y el de AtlasIntel para Bloomberg mostró que el presidente lideraba por 4,5 puntos, aunque esa ventaja se redujo ligeramente desde julio.

Según explicaron, la reducción de la brecha se produce mientras las autoridades federales investigan acusaciones de corrupción y tráfico de influencias que involucran al hijo de Lula, Fábio Luís Lula da Silva, conocido como Lulinha. Lo cierto es que la investigación por corrupción ha infligido un daño político al presidente socialista, amenazando con convertir las elecciones en una contienda muy disputada. Hoy es casi un empate. ¿Hacia dónde girará Brasil? Es la pregunta del mercado, porque el resultado tiene impacto regional y global, sobre todo para Trump y Milei, aunque para este último en menor dimensión.

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