Al mismo tiempo, en el plano local aparecieron algunas señales políticas favorables. Entre las más relevanttes, el Índice de Confianza del Gobierno avanzó 6,4% mensual en agosto, con mejoras en casi todos sus componentes, mientras Diputados dio media sanción a la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y a Inocencia Fiscal II.
El Gobierno recupera confianza
El frente macrofinanciero mostró una distensión parcial respecto de las semanas anteriores, acompañada por una mejora en algunos indicadores políticos y una menor tensión en el mercado de pesos. Uno de los datos más relevantes fue el Índice de Confianza del Gobierno, que avanzó 6,4% mensual en agosto. Según PPI, cuatro de sus cinco componentes registraron mejoras, lideradas por Preocupación por el Interés General (+12,8%) y Eficiencia (+12,6%), mientras la Evaluación General del Gobierno subió 7,6% y Honestidad 2,7%.
El rebote también fue más marcado fuera de la Ciudad de Buenos Aires. En este sentido, el Interior mantuvo el mayor nivel de apoyo, con 45%, seguido por CABA con 38,4% y GBA con 34,4%. Sin embargo, PPI advirtió que parte de la mejora podría estar explicada por volatilidad muestral, especialmente entre los segmentos más jóvenes, por lo que consideró prematuro interpretar el dato como una reversión definitiva del deterioro observado durante 2026.
En paralelo, el frente financiero mostró señales de normalización. El dólar mayorista superó los $1.500 por primera vez el lunes, en una semana atravesada además por el fixing de la Lelink D31G6, cuyo pago al vencimiento depende del tipo de cambio de referencia. Desde Puente señalaron que el movimiento se dio en un escenario de mayor provisión de liquidez, tasas de muy corto plazo cercanas al 20% y algo más de flexibilidad cambiaria por parte del BCRA.
A su vez, la licitación del Tesoro renovó 95,96% de los vencimientos y, según Puente, el resultado agregó liquidez al sistema y ayudó a aliviar la escasez de pesos. Al mismo tiempo, el Tesoro evitó ofrecer deuda en dólares ante el mayor costo que estaba exigiendo el mercado. A esto se sumaron avances políticos en Diputados, con la aprobación de la reforma de la Carta Orgánica del BCRA, Inocencia Fiscal, el tratado de patentes y el acuerdo Mercosur-Singapur.
Así, la combinación de una menor tensión financiera y señales políticas más favorables también encontró respuesta en el mercado accionario, donde el S&P Merval logró cortar una racha de cuatro semanas consecutivas de bajas.
El Índice de Confianza del Gobierno subió 6,4% en agosto, con mejoras en cuatro de sus cinco componentes.
El S&P Merval cortó la racha negativa
La mejora del clima local también se trasladó a las acciones, que lograron un repunte hacia el cierre del mes después de encadenar cuatro semanas consecutivas de bajas. Esa corrección llevó al S&P Merval a la zona de los u$s1.800, niveles que no se observaban desde hacía unos tres meses, y pese al rebote de esta semana el índice se mantiene todavía alrededor de ese valor.
En la semana, el índice avanzó 2% en pesos y 1% en dólares. Los mejores desempeños se concentraron en Servicios Públicos (+4,4%) y Servicios Financieros (+2,5%), con fuertes subas en Transener (+17,9%), Supervielle (+5,8%) y Banco Macro (+4,2%). En cambio, Aluar (-2,4%) y Ternium Argentina (-1,1%) quedaron entre las principales bajas.
La composición del movimiento volvió a mostrar una marcada sensibilidad a las expectativas sobre el rumbo del Gobierno. Los bancos y las empresas de servicios públicos, entre ellas Transener, que se encuentra en proceso de privatización, concentraron buena parte de las subas, mientras los retrocesos se dieron principalmente en compañías más expuestas al tipo de cambio y al complejo exportador.
Desde TSA Bursátil destacaron además que el S&P Merval en dólares volvió a mostrar un comportamiento relativamente desacoplado de los mercados emergentes y latinoamericanos. Mientras el índice local avanzó en la semana, el EEM, un ETF que replica acciones de mercados emergentes, se mantuvo prácticamente estable. En tanto, el ILF, que sigue a las principales compañías de América Latina, retrocedió levemente, mientras que el EWZ, que replica al mercado brasileño, también subió 1,4%.
La comparación mensual, sin embargo, sigue siendo desfavorable para Argentina. El S&P Merval acumula una caída de 10% en agosto, frente a una suba de 4,8% del EEM y bajas más moderadas de 3% en el ILF y 2% en el EWZ.
El viernes, en tanto, el escenario internacional volvió a pesar sobre la rueda. Las nuevas presiones alcistas sobre los rendimientos de los Treasuries afectaron a los activos de riesgo y el S&P Merval en dólares cayó 1,3%, frente a retrocesos de 0,7% en EEM, 0,6% en EWZ y 0,9% en ILF. La cautela se reforzó después de que Kevin Warsh volviera a advertir que la Reserva Federal todavía podría necesitar una política más restrictiva si la inflación subyacente no converge al 2%.
De esta forma, el rebote de las acciones permitió cortar la racha negativa, pero no alcanzó para revertir la debilidad acumulada durante agosto. Esa cautela también se trasladó a la renta fija, donde los bonos soberanos mostraron una mejora moderada, aunque el riesgo país volvió a ubicarse en torno a los 510 puntos y las curvas siguieron reflejando un mayor premio por riesgo electoral.
Transener y Edenor estuvieron entre las acciones más favorecidas por el repunte de los servicios públicos en la semana.
Mejoró la deuda soberana pero subió el riesgo país
El mejor tono de las acciones no se trasladó con la misma intensidad a la renta fija soberana. Los bonos en dólares avanzaron alrededor de 0,6% en promedio, pero el riesgo país terminó la semana en 513 puntos, lo que implicó una suba de 8 puntos. Esto muestra que la mejora de los títulos fue acotada y no alcanzó para reducir de manera significativa la prima que exige el mercado por mantener deuda argentina.
Parte de esa cautela sigue vinculada al calendario electoral. Los inversores comenzaron a exigir un mayor retorno en los bonos que atraviesan 2027, incorporando en sus precios el riesgo de que cambien las condiciones políticas o económicas después de las elecciones. A esto se sumó el contexto internacional, donde los movimientos de los Treasuries continuaron condicionando a la deuda emergente y agregaron volatilidad al spread argentino.
En pesos, en cambio, la búsqueda de cobertura fue más evidente. Los dollar linked avanzaron 1,8% y los TAMAR capitalizables 1,0%, mientras CER y tasa fija quedaron rezagados. Según Jerónimo Bardin, Head Sales Trader de Inversiones Retail en Balanz, el Gobierno decidió relajar la defensa del dólar en torno a los $1.500 y priorizar una normalización de la liquidez y de las tasas de corto plazo, que habían llegado a ubicarse cerca del 28%.
Ese cambio modificó el equilibrio del mercado. El rollover inferior al 100% en la última licitación del Tesoro dejó pesos en circulación y, junto con la intervención del BCRA en el mercado abierto, ayudó a aliviar la escasez de liquidez. La contracara fue una mayor flexibilidad cambiaria, que permitió que el dólar superara aquella referencia y reforzó la demanda por instrumentos vinculados al tipo de cambio.
Por eso, los dollar linked fueron los principales beneficiados. Su precio recibió impulso tanto por el avance del dólar mayorista como por una mayor necesidad de cobertura, en una semana además condicionada por el fixing de la D31G6. Los TAMAR también tuvieron un buen desempeño porque, aunque las tasas mayoristas comenzaron a bajar, todavía permanecen en niveles elevados y estos instrumentos permiten capturar esa remuneración. En contraste, los bonos CER y a tasa fija perdieron atractivo relativo. Con un mercado más preocupado por el movimiento del dólar y por la evolución de las tasas nominales, los inversores privilegiaron activos que ofrecieran una protección más directa frente a esos riesgos.
Bessent volvió a influir sobre los Treasuries y, por esa vía, sobre el riesgo país argentino.
Wall Street entre balances sólidos y tensión en el mercado de deuda y tasas
El escenario internacional combinó balances corporativos muy sólidos con un endurecimiento de las expectativas sobre la política monetaria estadounidense. En ese marco, la temporada de resultados del segundo trimestre prácticamente llegó a su fin con 485 compañías del S&P 500 habiendo reportado y un 86% superando las previsiones de ganancias, uno de los registros más altos desde 2013. A su vez, tecnología, salud y energía se ubicaron entre los sectores con mayor proporción de sorpresas positivas.
Dentro de ese panorama, el foco de la semana estuvo en Nvidia, la última de las Siete Magníficas en presentar resultados. La compañía informó ingresos por u$s96.200 millones y una ganancia por acción de u$s2,22, ambos por encima de lo esperado, mientras el negocio de centros de datos alcanzó u$s89.000 millones. Además, anticipó ventas por alrededor de u$s108.000 millones para el trimestre en curso y proyectó un fuerte crecimiento hacia 2028, reforzando así las expectativas sobre la demanda vinculada con inteligencia artificial.
Sin embargo, hacia el cierre de la semana la atención volvió a desplazarse hacia la Reserva Federal. En Jackson Hole, el tradicional encuentro anual que reúne a los principales banqueros centrales y referentes de política económica y que suele utilizarse para anticipar señales sobre el rumbo monetario de Estados Unidos, Kevin Warsh sostuvo que la inflación todavía no desacelera al ritmo necesario y reafirmó el objetivo del 2%. Por eso, sus palabras tuvieron impacto inmediato sobre las expectativas de tasas. Según Tomás Bazzani, analista de Research de MM Investments, la probabilidad implícita de una suba en septiembre pasó de 35,4% el jueves a 57,5% el viernes.
Al mismo tiempo, la geopolítica volvió a sumar volatilidad al escenario global. Estados Unidos amplió las sanciones contra Irán, aunque el petróleo retrocedió porque los embarques por el estrecho de Ormuz continuaron firmes y aparecieron señales de menor demanda de combustibles. De esta forma, el cierre de la semana dejó una combinación de balances sólidos, mayor presión sobre las tasas y un frente geopolítico todavía activo.
Kevin Warsh endureció el tono en Jackson Hole y reavivó las expectativas de tasas más altas en Estados Unidos.
Lo que sigue
Hacia la próxima semana, el foco seguirá puesto en si la mejora de la liquidez logra consolidarse y permite una mayor estabilización de las tasas de corto plazo, sin volver a generar presión sobre el dólar. En ese equilibrio, el Gobierno buscará sostener la estabilidad nominal, mientras la acumulación de reservas dependerá de que continúe la oferta privada de divisas y de que el BCRA pueda mantener un ritmo de compras más firme que el observado durante buena parte de los últimos días.
Al mismo tiempo, la evolución del frente político seguirá siendo clave para los activos locales. Si el avance de la agenda legislativa y la mejora en los indicadores de confianza logran sostenerse, podrían ayudar a moderar parte de la prima electoral que todavía pesa sobre bonos y acciones. En cambio, cualquier deterioro en las expectativas volvería a trasladar presión sobre el peso, las tasas y el riesgo país, en un mercado que cerró agosto con algo más de alivio, pero todavía lejos de haber despejado sus principales focos de incertidumbre.