En medio del debate por la apreciación cambiaria, un informe del banco de inversión Morgan Stanley señala que la Argentina podría alcanzar en 2026 un superávit de cuenta corriente del 0,7% del PBI, tres años antes de lo previsto por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
“Las cuentas externas están evolucionando más rápido de lo que espera el consenso”, sostiene el documento, que proyecta un cambio en la dinámica de dólares de la economía. La mejora, sin embargo, convive con tensiones estructurales que siguen condicionando la política económica, especialmente en lo que respecta a la acumulación de reservas.
El informe prevé que las exportaciones de bienes superarán los u$s100.000 millones en 2026, impulsadas por una combinación de factores que exceden el ciclo económico. El agro vuelve a traccionar por mejores rendimientos, pero el factor diferencial es la energía. La expansión de Vaca Muerta, junto con menores importaciones de gas, permitiría llevar el superávit energético a la zona de los u$s13.000 millones, consolidando una transformación que hace pocos años parecía lejana.
A eso se suma la minería, con el litio como protagonista en el corto plazo y el cobre como apuesta a futuro. En conjunto, estos sectores explican por qué el banco considera que la Argentina puede “convertirse en un beneficiario en un mundo que prioriza la seguridad energética”.
El superávit no alcanza para acumular reservas
Sin embargo, el propio informe introduce una advertencia, mientras el frente externo mejora, no resuelve el problema de fondo: “La acumulación de reservas depende de los flujos de la cuenta financiera”, manifiesta Morgan Stanley. Esto implica que, aun con un saldo comercial positivo, la economía sigue necesitando dólares por otras vías. Los pagos de intereses de deuda se mantendrían en torno a los u$s11.000 millones, mientras que el déficit de servicios -explicado principalmente por el turismo en el exterior- continuaría presionando sobre la salida de divisas.
A eso se suma la dolarización de carteras, que podría demandar unos u$s24.000 millones en 2026, según la estimación del banco de inversión. Este nivel que obliga a compensar esa salida con financiamiento externo.
A la par, surge la incógnita de cómo sostener el equilibrio sin recurrir al endeudamiento. Según el banco, “las emisiones de deuda y los desembolsos de organismos multilaterales deberán compensar la dolarización privada”. En ese marco, incluso aparece la posibilidad de financiamiento bilateral como una pieza clave para fortalecer las reservas. Sin esos ingresos, el superávit externo no se traduce automáticamente en acumulación de divisas, un punto que el mercado sigue de cerca.
Atraso cambiario, turismo y el factor 2027
El informe también advierte por uno de los debates que se comienzan a abrir de cara a la baja del dólar: el nivel del tipo de cambio. El déficit de servicios, impulsado por el gasto en turismo en el exterior, refleja una economía donde la apreciación cambiaria incentiva la salida de dólares. “Esperamos que el déficit de servicios se mantenga elevado”, advierte el documento.
Al mismo tiempo, la mirada de mediano plazo introduce un condicionante político. Si bien 2026 podría mostrar cierta mejora en los flujos externos, el panorama se complica hacia 2027, con mayores vencimientos de deuda y el impacto de la incertidumbre electoral sobre el acceso al financiamiento. “Se necesitarán mayores ingresos de divisas para que 2027 sea sostenible”, concluye el informe.
El informe de Morgan Stanley reconoce un cambio relevante en la estructura externa de la economía argentina, apoyado en el crecimiento de sectores exportadores clave. Sin embargo, también deja en claro que ese avance convive con fragilidades persistentes. La combinación de superávit comercial y déficit financiero configura un equilibrio inestable, donde la acumulación de reservas sigue dependiendo de factores externos y de la capacidad del Gobierno para sostener el acceso al financiamiento.
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