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29 de octubre 2026 - 09:49

29 de octubre, Día del ACV: tipos, causas que lo provocan y señales a las que hay que prestar atención

La fecha busca concientizar sobre una afección que representa la primera causa de discapacidad en adultos en la Argentina.

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La atención médica inmediata ante un ACV resulta determinante para reducir los riesgos de secuelas permanentes.

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Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una jornada dedicada a visibilizar una problemática de alto impacto en la salud pública. En la Argentina, los ataques cerebrales provocan la muerte de unas 17.000 personas cada año y se consolidan como el principal motivo de discapacidad adquirida en adultos, afectando además a una de cada 50 personas mayores de 40 años.

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Un ataque cerebral ocurre cuando se interrumpe de manera repentina el flujo sanguíneo hacia alguna zona del cerebro. Los especialistas insisten en que cada minuto sin asistencia médica implica la pérdida de millones de neuronas, un factor que define de manera directa la gravedad de las secuelas. Por esta razón, identificar rápidamente los signos de alarma y activar la emergencia de inmediato es la clave fundamental para salvar vidas y limitar los daños neurológicos.

Por qué el 29 de octubre es el Día del ACV

La fecha fue instituida en 2006 por la Organización Mundial del ACV (WSO, por sus siglas en inglés) a partir de la unión de dos entidades globales dedicadas al estudio de la salud cerebral. El objetivo principal de la conmemoración es visibilizar una epidemia silenciosa que constituye la segunda causa de muerte en el mundo.

El propósito de la jornada se centra en promover la educación sobre hábitos de vida saludables y difundir la importancia de la detección precoz. Bajo la premisa de que "el tiempo es cerebro", la campaña hace hincapié en que la rapidez en la respuesta médica define el futuro del paciente.

Tipos de ACV

Las alteraciones del flujo sanguíneo cerebral se dividen médicamente en dos categorías principales, según cómo se produzca el daño:

ACV Isquémico (Infarto Cerebral)

Corresponde a entre el 80% y el 85% de los casos. Se produce cuando una arteria se obstruye por un coágulo, lo que interrumpe la llegada de oxígeno y nutrientes a las neuronas.

Puede originarse por una trombosis local en arterias con colesterol o por un émbolo que viaja desde otra zona del cuerpo, frecuentemente debido a una arritmia como la fibrilación auricular. También existe la variante lacunar, que afecta a vasos sanguíneos muy pequeños.

ACV Hemorrágico (Derrame Cerebral)

Ocurre en el 15% a 20% de las situaciones, aunque suele presentar una mayor gravedad inicial. Se genera por la rotura de un vaso sanguíneo que vuelca sangre sobre el tejido cerebral.

Puede manifestarse como una hemorragia intracerebral, vinculada por lo general a la hipertensión arterial no controlada, o como una hemorragia subaracnoidea, habitualmente asociada a la ruptura de un aneurisma.

Ataque Isquémico Transitorio (AIT)

Conocido como "mini-ACV", este cuadro se caracteriza por una alteración temporal cuyos síntomas revierten solos en pocos minutos o antes de las 24 horas. Aunque no deja lesiones permanentes en las imágenes, representa una señal de advertencia crítica que requiere evaluación urgente para prevenir un evento definitivo.

ACV: posibles causas y a qué hay que estar atentos

El desarrollo de un ACV está asociado a múltiples factores de riesgo. La gran mayoría de los casos se vincula con elementos modificables como la hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado, la presencia de cardiopatías, el sedentarismo y la obesidad. También existen variables no modificables que incrementan la predisposición, entre las que se cuentan la edad avanzada, el sexo y los antecedentes familiares.

A diferencia de otras enfermedades, las manifestaciones de un ACV aparecen de forma súbita. Para facilitar su identificación rápida, la comunidad médica promueve el uso del acrónimo FAST:

Además del método FAST, la persona afectada o quienes la acompañan pueden detectar otros síntomas repentinos como la pérdida de visión en uno o ambos ojos, la dificultad para caminar, la falta de equilibrio y coordinación, o la aparición de un dolor de cabeza intenso y desconocido.

¿Deja siempre secuelas?

Un accidente cerebrovascular no provoca secuelas en la totalidad de los casos. La evolución y el grado de recuperación de cada paciente dependen directamente del tiempo transcurrido hasta la atención médica, la extensión de la zona dañada y el inicio temprano de los procesos de rehabilitación.

Aquellos pacientes que reciben tratamientos de reperfusión dentro de las primeras horas de iniciados los síntomas pueden alcanzar una recuperación completa o con daños mínimos. Sin embargo, cuando la atención se demora o el área afectada es extensa, pueden registrarse secuelas de diversa consideración:

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