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17 de septiembre 2009 - 22:43

A diez años de la Masacre de Ramallo, uno de los ladrones se mostró arrepentido

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Se cumplen diez años de la Masacre de Ramallo
Norberto Céspedes, uno de los delicuentes que tomó parte del intento de asalto que derivó en la denominada "Masacre de Ramallo", de la que el jueves se cumplieron diez años, admitió que siente "arrepentimiento" por las muertes que se produjeron en el hecho.

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"Si bien nosotros no matamos a nadie y fue la Policía, no fuimos a lastimar a nadie, sino a buscar el dinero", aseguró Céspedes, mientras pidió perdón a la familia del entonces gerente de Banco Nación de Ramallo, Carlos Chávez, y el contador de la entidad, Carlos Santillán, muertos en el episodio.

"El arrepentimiento viene por todos los hechos que derivaron en una catástrofe que no esperábamos, porque para nosotros era un robo perfecto, era entrar y salir", añadió Céspedes, en declaraciones al canal de cable Crónica TV.

Céspedes señaló que pasó siete años de prisión que fueron computados como diez por los beneficios de la denominada Ley del 2x1.

Esa circunstancia le permitió salir beneficiado por la libertad condicional, dejando la cárcel en la que finalizó sus estudios secundarios.

El hombre reveló que la banda que asaltó el Banco Nación de Ramallo tenía pensado, con el dinero que planeaban sacar del Tesoro, comprar un campo, soja y un edificio en la ciudad de Río de Janeiro.

La "Masacre de Ramallo" se desencadenó en la madrugada del 17 de septiembre de 1999, aunque los hechos habían comenzado un día antes cuando un grupo de delincuentes asaltó el Banco Nación de esa ciudad y tomó rehenes.

Los delincuentes intentaron escapar en un auto con el contador, el gerente del banco y su esposa como rehenes, pero el coche fue atacado a balazos por la Policía desde varios ángulos.

Además de Santillán y Chávez, murió uno de los delincuentes, Javier Hernández, mientras que la esposa del gerente, Flora Lacave, y el asaltante Carlos Martínez sufrieron heridas.

Otro delincuente, Martín Saldaña, resultó ileso, pero murió ahorcado en la comisaría segunda de Ramallo.


En septiembre de 2002 siete personas fueron juzgadas y condenados por el asalto, mientras que el mismo número de policías también recibió condenas por los disparos que derivaron en las muertes.

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