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24 de agosto 2006 - 00:00

Algo que alegra

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Los edificios públicos tienen estado deplorable en cuanto a cuidados (para empezar la Casa Rosada pintada en la gestión Fernando de la Rúa en sólo uno de sus cuatro lados, el que da a Plaza de Mayo). Son el apogeo de las pinturas con aerosoles, sus halls un escarnio de colgajos sindicales o pancartas estudiantiles. Pero hay que reconocer que hay una excepción: el edificio de la Biblioteca Nacional, por dentro y por fuera, algo que alegraría a Jorge Luis Borges que la dirigió en el viejo edificio de la calle México con tanto cariño. Permanentemente le renuevan la impermeabilidad de sus techos amarillos, le cuidan los jardines, no permiten ningún asentamiento, le borran las pintadas (pocas), le reparan sus embaldosados rotos, sobre todo los de la pirámide del frente a la entrada con sus pendientes ideales para bicicross de adolescentes (fotos).

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Interiormente funciona muy bien y sus espacios externos, salvo el bicicross, son usados para expresiones artísticas como grupos de taichi-chuan. Ciertamente para elogiar el cuidado de un edificio símbolo de la cultura argentina.

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