Los juegos, las corridas y los saltos son parte esencial de la vida de los animales. Y aunque busquemos funciones específicas para su explicación, la realidad es que no existen. Sino que tiene que ver con el simple placer de hacerlo.
Los juegos, las corridas y los saltos son parte esencial de la vida de los animales. Y aunque busquemos funciones específicas para su explicación, la realidad es que no existen. Sino que tiene que ver con el simple placer de hacerlo.
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Por un lado, y según declaraciones al diario El País del doctor en Biología, Alex Richter-Boix, los perros que traen la pelota para que se la lances una y otra vez parecen haber descubierto la forma de explotar el sistema de recompensas y así sentir placer múltiples veces. Por su parte, los gatos juegan seriamente y le dedicarían todo el tiempo del mundo.
Teniendo en cuenta aquella condición de los animales domésticos, podemos preguntarnos si ocurre lo mismo con los animales salvajes. No es fácil la respuesta, pero los científicos consideraron varios criterios que debe cumplir una acción para ser considerada "juego":
Aquellas conductas se describieron en aves, reptiles y peces. Incluso en algunos invertebrados como pulpos y arañas. De todas formas, el juego no es universal. Hay muchas especies que no lo practican ya que, en definitiva, no es una función vital.
Al jugar, los animales exploran nuevas posibilidades y desafíos, y reducen incertidumbres futuras. Por ejemplo, se demostró que las ratas jóvenes que crecen aisladas tienen la corteza prefrontal -zona del cerebro involucrada en las interacciones sociales y la toma de decisiones- menos desarrollada. Y también llegan a tener menos memoria a corto plazo, y menor control de los impulsos y de reacción.