El choque entre libertad de expresión y valores religiosos que conmueve hoy a Europa y al mundo islámico tras la publicación de caricaturas de Mahoma no es ajeno a la Argentina. Aunque muy diferentes en alcance y violencia, aún se recuerdan las reacciones de la Iglesia y fieles católicos contra la muestra del artista León Ferrari en 2004 en el Centro Cultural Recoleta, auspiciada en su momento por el Gobierno de la Ciudad. Cristo crucificado en un avión de guerra e imágenes de santos dentro de licuadoras o sartenes dieron entonces pie a una fuerte polémica mediática y judicial, que terminó con el levantamiento de la exposición.
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Mucho antes, mediados de los '80, una polémica similar había rodeado la presentación de la obra teatral «Misterio bufo», de Darío Fo, en el Teatro San Martín.
También habría que recordar que hace más de 30 años en Buenos Aires -en mayo de 1973- le quemaron un teatro (el Argentino) a Alejandro Romay antes de estrenar « Jesucristo Superstar», en coproducción con Daniel Tinayre, fallecido esposo de Mirtha Legrand.
• Atemorizante
Seguramente el dogma cristiano de «poner la otra mejilla» hace que se caiga más en desbordes. El mundo islámico, en cambio, atemoriza. Al judaísmo no le desagrada -y hasta ellos mismos cuentan los chistes sobre relaciones con el dinero- pero nadie lo hace sobre sus dramas profundos por el peso de su comunidad. Lo haría el islamismo pero no se caracteriza por su humor y si lo hiciera sobre su religión al judaísmo no lo afectaría en el mismo grado. Se recuerdan las críticas al programa televisivo «Mosca y Smith», que llegó a mostrar a un religioso ortodoxo corriendo por la calle con un cerdo en brazos (animal prohibido en la dieta judía) o a otro atado a una reja con los mechones que suelen dejar a los costados de sus cabezas. El progresismo argentino festejó y se rasgó las vestiduras frente a las críticas católicas a Ferrari, un artista con rasgos de cobardía que ni intentaría «crear» interpretativamente sobre el islamismo. La «fatwa» sobre Salman Rushdie impresiona a determinados artistas. «Perfil», el diario de un día por semana de la editorial de Jorge Fontevecchia, publicó el domingo todas las caricaturas y chistes sobre el islamismo que hoy conmueven internacionalmente. Pocos se enteraron en un medio aún de escasa gravitación periodística. También porque no caracteriza a esa editorial el racismo sino la búsqueda del impactismo como sea.
No hay que ofender religiones, es cierto, pero no limitar el principio ético a aquellas capaces de represalias.
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