El estampido, en el contexto de la conferencia de prensa brindada ayer por el secretario de Turismo, Enrique Meyer, sobre los números del verano, recordó a los asombrados presentes los recientes desprendimientos del glaciar Perito Moreno.
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Pero no se trataba de un fenómeno «for export» de la naturaleza argentina, sino de la enclenque mampostería de la Sala de Conferencias de la Casa Rosada, que cubrió de partículas de yeso y tierra a Meyer y a los periodistas.
La caída causó alarma, aunque no produjo daños a ninguno de los presentes. Ante el estruendo, Meyer bromeó señalando que la última pregunta había sido muy fuerte, pero lo cierto es que al secretario de Turismo ya le tronaron los oídos al oír las recientes quejas de algunos destinos del país, que sugieren algún tinte de discriminación en las tareas de promoción que él encabeza.
Una vez ocurrido el derrumbe, los propios periodistas afectados fueron impedidos de reingresar para buscar información autorizada de los arquitectos por «el peligro de desmoronamiento».
Tan sólo los biombos puestos en los últimos días para iniciar las tareas de reparación, demoradas por cuestiones de la burocracia, según dicen en la Rosada, salvaron a los protagonistas de la lluvia de mampostería y tierra.
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