Cáncer: centrarse en el humanismo médico y encontrar tratamientos a medida es clave

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Cada 4 de febrero, los oncólogos reflexionamos sobre cómo el cáncer se convirtió en la segunda causa médica de muerte. Mientras las opciones avanzan se debe cuidar la relación entre el profesional y el paciente.

Décadas atrás no se hubiera podido imaginar que el cáncer sería la segunda causa médica de muerte, luego de las enfermedades cardiovasculares; y esto se produce gracias a la prolongación de la expectativa de vida, fundamentalmente, en países desarrollados y en vías de desarrollo.

Haciendo un poco de historia, para la década de 1930 la edad promedio de fallecimiento de la población era entre 40 y 45 años ocasionada principalmente por las patologías infecciosas; el descubrimiento de los antibióticos durante ese período comandado por la Penicilina gracias al Profesor Alexander Fleming (Londres, Inglaterra) y el consecuente desarrollo de otros fármacos similares, más las vacunas y la potabilización del agua, la construcción de redes cloacales y el lavado de manos con agua y jabón hizo que aproximadamente para la década de 1950 la población tuviera una expectativa de vida de 60 a 65 años. A partir de ese momento comenzaron a aflorar distintas patologías, incluidas el cáncer y gracias a la subdivisión de las distintas especialidades médicas consecuentemente con el desarrollo tecnológico y biológico de la medicina llegamos a una expectativa de vida entre 78 y 82 años en países como el nuestro.

El cáncer es una enfermedad en la cual se producen mutaciones genéticas (a nivel del ADN y ARN), lo que ocasiona una pérdida de la función natural de las células por lo que comienzan a desempeñar distintos tipos de comportamiento. Es decir, las células tumorales se tornan indiferenciadas, crecen de manera descontrolada, invaden órganos o estructuras vecinas y tienen la capacidad de hacer metástasis (diseminación a distancia). Estas cuatro características las diferencian de los tumores benignos que por el contrario: son células diferenciadas, no invaden estructuras vecinas, tienen una velocidad de crecimiento muy lento y no pueden realizar metástasis.

El cáncer no es una enfermedad infecto-contagiosa, pero sí se puede originar por diversos factores: genéticos y no genéticos (dietarios, ambientales e infecciosos). El agente ambiental más importante que pudiera dar origen al cáncer es el tabaco, y lo sigue el alcohol, el sol, la radiación, las exposiciones a asbesto, diversas ocupaciones laborales; también el sedentarismo y la obesidad junto a la alimentación no equilibrada. El VIH, VPH y Hepatitis B son enfermedades infecciosas que pueden aumentar el riesgo del desarrollo de enfermedades oncológicas.

Hay descriptos en la literatura más de 200 tipos de cánceres por lo que cada uno, dependiendo de la región del cuerpo que afecte, puede provocar diversos síntomas. Hay síntomas que son más generales como pérdida de apetito con la consecuente pérdida de peso, cansancio, fatiga, decaimiento, molestias y dolores varios, cambios de coloración de piel o mucosas, hemorragias, etc. Y hay situaciones particulares para cada caso. Otros tumores son asintomáticos, por lo que es importante realizar controles médicos.

En la República Argentina habitan 45.000.000 de personas aproximadamente, según los datos de la IARC (International Agency of Reserch of Cancer) del 2018: 130.000 pacientes desarrollaron cáncer anualmente mientras que las cifras de defunciones rondan las 69.000 personas causadas por las complicaciones de esta patología.

A medida que pasan los días, los meses, los años, nos vamos encontrando con más personas con el diagnóstico de cáncer y según las estadísticas en un futuro mediato uno de cada tres individuos tendrá esta enfermedad a lo largo de su vida. Por eso, la idea central es la prevención, concientización y la detección temprana, y estoy convencido que con esas conductas se reducirá significativamente la tasa de fallecimiento por esta entidad.

El estilo de vida que llevamos, sin excluir las causas genéticas, rupturas de parejas, de vínculos sociales, el desempleo y la precariedad y el estrés laboral, pérdida de seres queridos, nuestras conductas alimenticias, aumento del consumo de tabaco, en cualquiera de sus formas, y alcohol entre otros implican una mayor incidencia en adultos jóvenes.

Más allá de lo que logremos desde el punto de vista científico, que por suerte los oncólogos estamos contando con más herramientas terapéuticas y diagnósticas para poder encontrar el “traje a medida” para cada paciente hay que centrarse en el punto del “humanismo médico” ya que la relación empática entre el profesional y el paciente es crucial a la hora de afrontar una planificación del tratamiento.

Hoy, 4 de febrero se hace hincapié en la concientización sobre el cáncer, a nivel nacional e internacional, como una patología prevalente y altamente incidente. Desde Oncología Esperanzadora al igual que diversas ONGs e instituciones públicas y privadas propiciamos el acercamiento de los pacientes a los médicos y así poder eliminar cualquier tipo de duda al respecto.

*El Dr. Darío Niewiadomski (MN 110.535) es médico oncólogo y fundador de Oncología Esperanzadora.

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