27 de julio 2005 - 00:00

Cientos de fieles asisten a la Iglesia de San Pantaleón

Cientos de fieles asistían hoy a la iglesia de San Pantaleón, en el barrio porteño de Mataderos, para rezarle, en su día, al patrono de los enfermos y pedir por la sanación de las personas que padecen problemas de salud.

Como todos los años, los feligreses se reunieron desde muy temprano en el templo, ubicado en Monte 6865, donde el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires y cardenal primado de Argentina, Jorge Bergoglio, ofició la misa principal, en la que llamó "a la unidad" de las personas.

"Hay que hacer algo para unirnos más" dijo Bergoglio y consideró que "lo principal para unirnos más es unirnos con aquel que nos une a todos y el que nos une a todos, es Dios, Jesús".

"La fe nos mantiene unidos como ahora y también San Pantaleón nos une como familia porque le pedimos por nuestra salud y por la salud de todos y al pedir por la salud de todos, ya nos estamos uniendo con los demás, les estamos deseando bien a los demás y el desearle bien a otro es unirse con el otro", sostuvo.

Seguidamente le preguntó a los feligreses: "¿y por los que no nos hacen bien no pedimos nada?" y contestó: "hay que pedir para ellos "que Dios los bendiga, que Dios les haga bien, que Dios los cuide".

Asimismo, consideró que "el dolor" une a las personas y puso como ejemplo la unión que se produce en una familia cuando pasa por un momento difícil, hay un problema o alguna enfermedad.

Los fieles podrán visitar durante todo el día el santuario de San Pantaleón, donde se oficiarán misas y se realizarán bendiciones.

San Pantaleón nació en Nicomedia, actual Turquía, era médico de profesión y fue decapitado por profesar su fe católica durante la persecución que hizo al cristianismo el emperador romano Diocleciano, el 27 de julio del 305.

Las actas que dan cuenta del martirio que padeció Pantaleón destacan distintas curaciones y señalan que trataron de matarlo seis veces: con fuego, con plomo fundido, ahogándolo, arrojándolo a las fieras, torturándolo en la rueda y atravesándole una espada, pero salió ileso.

La leyenda dice que San Pantaleón permitió libremente que lo decapitaran en defensa de su fidelidad a Cristo y que el árbol de olivo, donde ocurrió el hecho, floreció instantáneamente.

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