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14 de julio 2011 - 21:13

Controles de alcoholemia en Ciudad: advierten falta de "constancia"

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Los controles de alcoholemia se implementaron en la Ciudad de Buenos Aires en 2008.
En enero de 2008 un cuerpo de agentes de tránsito de la Ciudad de Buenos Aires salió a las calles porteñas para comenzar con controles de alcoholemia. Si bien la cantidad de resultados positivos disminuyó a lo largo de estos más de tres años, especialistas señalan que los operativos realizados por la administración de Mauricio Macri deberían ser más constantes.

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El gobierno porteño señala que por semana salen a las calles porteñas 100 operativos de control de alcoholemia tanto de día como de noche. Según el Observatorio de Resultados del Gobierno de la Ciudad, cuyo responsable es Guillermo Montenegro, Ministro de Justicia y Seguridad, en 2008 se realizaron unos 15.000 controles mensuales. En ese período el porcentaje de casos positivos promedio por mes rondó el 1,26% sobre los operativos realizados. Para los años 2009/2010 el porcentaje de casos positivos promedio mensuales fue del 0,83%. Ello se tradujo en una reducción de alrededor del 32% respecto al 2008. Según el Gobierno porteño, el promedio de positivos en lo que va de este año bajó al 0,61%.

A pesar de estas medidas, especialistas en seguridad vial señalan que desde el gobierno porteño no se aplica el rigor esperado para este tipo de operativos. Alberto Silveira, Presidente de la Asociación Luchemos por la Vida, asociación civil dedicada a la prevención de accidentes de tránsito, señala que "está muy bien que se hagan los controles de alcoholemia porque sirve para cambiar los hábitos de los conductores, pero se pueden mejorar".

Por su parte, Hernán de Jorge, Jefe de Seguridad Vial de Cesvi Argentina, también destaca la virtud de los operativos porque "estamos de acuerdo en todo lo que está a favor de la seguridad vial". Sin embargo, destaca que los controles "no deben ser esporádicos ya que tienen que ser constantes".

En tanto, Néstor Sebastián, licenciado en Accidentología y Prevención Vial, asegura que "no hay una estadística confiable y es difícil mensurar si se mejora o no a partir de los controles de alcoholemia", pero además destaca que "recién se está pasando el peine grueso y se está capacitando a la gente que tiene que controlar".

Los números que arrojan los controles de alcoholemia son sólo un muestreo acotado de un universo más amplio. "En un lugar en donde nunca se realizaron controles, ni bien apliques los operativos ya vas a tener mejores resultados", apunta el licenciado Sebastián quien además agrega que "el Estado lo que obtiene con la sanción es un resultado rápido".

Cabe señalar que el Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires no cuenta con un informe público detallando estadísticas de barrios, edades, días y horarios de los controles de alcoholemia realizados hasta el día de la fecha.

• El castigo como herramienta de conciencia

Las sanciones que se le aplica a los conductores que dan positivo el control de alcoholemia son un de un tema recurrente por los especialistas. Desde el Estado porteño se apuntó al castigo como para intentar generar conciencia entre los conductores.

Desde la mitad de 2008, además de imponerles una multa a los conductores que no superasen la prueba de alcoholemia, el gobierno porteño comenzó a retenerle el automóvil a los contraventores. Asimismo, desde el 1º de enero de 2009 entró en vigencia el sistema de scoring; aquellos que den positivo en un control de alcoholemia pierden 10 puntos de los 20 que tienen en su licencia.

Sin embargo, los castigos no sólo corren para quienes no superen la prueba de alcoholemia sino también para aquellos que se nieguen a realizarlo. Según la legislación de tránsito de la Ciudad de Buenos Aires (Ley Nº 2148), el conductor de un vehículo que se niegue a someterse aun control puede ser sancionado con una multa de 200 a 2.000 unidades fijas. Además, desde la puesta en marcha de la Ley Nº 2641, conocida como el sistema de evaluación de puntos, el conductor que se niegue a realizar el control se le descontarán 10 puntos sobre los 20 asignados a cada conductor.

Si bien, este método puede ser efectivo en un primer momento, con el correr del tiempo no es suficiente ya que se debe atacar sobre cuestiones como la prevención. Néstor Sebastián sostiene que "en las personas está instalado que si toma de más lo pueden agarrar. No es el ideal porque se genera conciencia sólo a través de la sanción, pero es uno de los mecanismos para controlar".

En igual sentido, Hernán de Jorge asegura que el control "sirve en lo que tiene que ver en carácter punitivo para que la persona aprenda con la falta". Sin embargo, sostiene que "la concepción en general de las personas es que funcionan al comienzo, pero que luego se diluye". Por su parte, Silveira sostiene que el gobierno porteño "tiene buenas intenciones" para hacer los controles pero "deben ayudar a difundirlos de forma mediática para que las personas se enteren de esto".

Una de las falencias que advierten los especialistas se refiere a las formas de cómo se realizan los operativos. El presidente de Luchemos por la vida dice que "existe una selectividad de lugares donde se realizan" los controles de alcoholemia y "que en muchos casos "no se hacen cerramientos de las calles aledañas a las avenidas que se controlan para que los conductores no se escapen".

En tanto, el Jefe de Seguridad de Cesvi advierte que los exámenes en la Ciudad de Buenos Aires "se cumplen, pero que si quisieran ser más incisivos podrían realizar más controles". De Jorge propone que si los jueves es un día de muchas salidas "sería bueno sumarlos a los viernes y a los sábados" y pone como ejemplo a la ciudad de Rosario. Allí desde hace más de doce años se realizan este tipo de controles durante todo el fin de semana y "en lugares completamente aleatorios", apunta Hernán. "Nadie sabe, salvo algunos coordinadores, en qué lugares van a estar" los controles, señala el especialista en seguridad vial.

• Conducir bajo los efectos del alcohol

En nuestro país no existe una estadística fehaciente de la cantidad de accidentes de tránsitos ocasionados por la ingesta de alcohol. Sin embargo, los especialistas coinciden que el alcohol produce un desmejoramiento general de las condiciones físicas para conducir.

La actual ley porteña establece que el límite permitido para el conductor de un vehículo particular es de 0,5 g/l (gramos de alcohol por litro en sangre); para quienes manejan una moto es de 0,2 g/l; en tanto, para quienes conducen un transporte público o de carga el límite es 0 g/l. Con respecto a estos términos legales el licenciado Néstor Sebastian apunta que "la ley marca un límite porque hay toda una costumbre social y no se puede poner alcohol cero para todos, entonces se fija un límite".

Como el alcohol, "la seguridad vial es un problema cultural", destaca de Jorge, y uno de los caminos para generar conciencia en los conductores es prevenir a los mismos sobre los riesgos de manejar alcoholizado. Por su parte, Sebastián afirma que "la percepción del riesgo en nuestro país es muy baja, o visto al revés, la adopción del riesgo es muy alta" y que si bien se puede ayudar a concientizar a los conductores "no se puede estar dependiendo siempre de la conciencia de la gente, pero el Estado tiene su obligación en controlar".

Respecto a la concientización sobre el tema, el especialista del Cesvi señala que "se podrían hacer mejores campañas de prevención" y que "cuando empezaron los controles de alcoholemia en la Ciudad había carteles que te iban a sacar el auto", pero agrega que "en general quienes hacen anuncios sobre los peligros del alcohol al volante son los padres de los que sufrieron algún tipo de accidente".

A más de tres años y medio de la implementación de los controles de alcoholemia en la Ciudad de Buenos Aires, la evaluación sobre los resultados de los mismos tiene sus matices. Si bien, los operativos resultaron ser efectivos desde el punto de vista estadístico, aún quedan puntos a mejorar. Para algunos la vigilancia y el castigo es la solución al problema, pero para otros el mejor remedio es poner en práctica programas de educación vial que ayuden a los conductores a conocer los riesgos de conducir alcoholizados.

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