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3 de octubre 2008 - 00:00

Cristina se dio baño de realeza al recibir al demócrata Alfonsín

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Al fin se dio el gusto, y como Evita, Cristina de Kirchner se recogió el cabello y se aferró además a un protocolo como nunca, para homenajear a Raúl Alfonsín. No fue un estilo retro, sino la adaptación a estos tiempos de aires monárquicos. Como estilan las princesas, la Presidente sorprendió en la tarde el miércoles con el look propio que para la realeza marcan las reglas de etiqueta para actos oficiales. Claro que debió obviar un tocado o accesorio en la cabeza, propio de las reinas, el que reemplazó por el peinado recogido. Toda una innovación en el vestidor de la dama, quien suele apartarse de las imposiciones, aunque tal vez haya sido otra exageración pretenciosa para la ocasión.

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El espejo, seguramente, le devolvió a Cristina de Kirchner una imagen más juvenil merced a los salvatajes cosméticos, y el producido de la dieta la alentó a los cambios de vestuario, sin dejar de lado la primavera. Intentó emular el charme que distingue a las damas de la monarquía, demostrando fascinación por un estilo que no había ensayado aún: el look «reina madre».

  • Protocolo real

  • De princesas y reinas europeas tomó la vestimenta para presentarse el miércoles en la Casa Rosada y se enfundó en un saco tipo polverino de crepé de seda labrada con cuello solapa de delicado rosa Dior. Es el tipo de abrigo que aconseja el protocolo real para que las damas vistan en acontecimientos sociales de día y que además evita que se aprecien las curvas femeninas, tal y como exige la monarquía. Eso sí, con pinzas en la cintura para resaltar el talle avispa, como los que usan Máxima Zorreguieta en Holanda o Leticia Ortiz en España, y una falda de la misma tela, corte Chanel, recta y de talle alto, que en la Argentina impuso Evita.

    Cristina de Kirchner escuchó finalmente la sugerencia de los modistos que advertían que el ruedo de sus faldas era más corto que lo debido para una señora que pasó la barrera de las cinco décadas. Con la misma resignación que Carolina de Mónaco, quien hace un año tuvo que abandonar las minifaldas por las insistentes críticas de los especialistas en moda, la mandataria argentina esta semana optó por cubrirse las rodillas alargando unos centímetros la tela. Es un detalle que la hace parecer más estilizada, ya que justamente, y a diferencia de la princesa de Mónaco, no son sus piernas el punto fuerte de su figura.

  • Remate chic

    El remate chic del look monárquico lo dio la blusa de gasa semitransparente, con cuello alto e importante jabot, cuyos volados partían desde la nuca hacia el busto por encima de las solapas del saco. Pero desafinó con un hit de esta temporada, como los stilettos de taco de madera, que se imponen en las pasarelas europeas.

    Todo en rosa Dior, el color que en Suecia puso de moda la princesa Victoria y ahora propone Prada para la noche. Ya lo adoptaron celebridades de Hollywood, como la actriz Kate Hudson, o las modelos top Claudia Schiffer y Helena Christensen. De paso se dio el lujo, Cristina, de mostrar que ese tono pastel no es privativo de las rubias, como se cree, y que sienta bien en las blondas el color tan semejante a la piel rosada para dar una imagen etérea y armoniosa.

    Como toque distintivo, entonces, le quedó la influencia de la esposa de Juan Domingo Perón en el recogido, que no fue el rodete tirante de Evita, sino su adaptación al siglo XXI, con una diferencia insalvable como es el color del pelo, no sólo del discurso, y menos alhajero. Sorprendió además con un maquillaje algo suavizado para la cantidad de gramos de rimmel que le bañan habitualmente los ojos. Hasta una base más clara y los labios y párpados con menos make up que de costumbre. Completó con pequeños aros argolla de oro rosado, la alianza, el cintillo y el Rolex de oro, para un conjunto con aire naif muy distinto al que usó el lunes y el martes, de tailleurs negros con algún detalle de color, como tránsito a la pretensión de un look real.
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