Para su reunión con Hugo Chávez en un momento crítico para la región, Cristina Kirchner optó por un color frecuente en ella: el rosa. Ni rosa chicle ni rosa pálido: rosa intermedio.
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Ayer, junto a Chávez lució un traje de pollera y blazer de tela labrada a cuadrados de hilo de seda, abotonado y entallado en la cintura. Evitó uno de sus accesorios favoritos, el cinturón ancho, pues no iba con el look formal que escogió para entrevistarse con un Chávez que no se caracteriza justamente por lo formal o diplomático.
Los botones del blazer y de la blusa de seda al tono fueron, como casi siempre en sus elecciones, de bellas piedras engamadas. Los zapatos, forrados en tela rosada y también labrada, pero no a cuadros, en punta, completaron el modelito en ese color que los diseñadores califican también de «dulce», «delicado», «escandaloso» y hasta «cursi».
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