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1 de agosto 2008 - 00:00

Dieta parlamentaria

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El extravagante Richard Simmons, el gurú del fitness por TV en Estados Unidos, hizo mover de sus bancas a diputados y senadores del Congreso norteamericano.
¿Puede imaginarse a nuestros legisladoresabandonando el recinto parlamentariopara entregarse a una hora de ejercicios aeróbicos en las escalinatas del Congreso? Aunque cueste creerlo, esto es lo que sucedió esta semana en Washington, en la terraza del Cannon Building, cuando una audiencia pública convocada para hablar de la necesidad de ampliar los programas de educación física en las escuelas para combatir la obesidad infantil derivó en una virtual terapia de grupo en la cual diputados y senadores, tanto republicanos como demócratas, se sinceraron acerca de sus problemas para combatir el sobrepeso y recordaron con nostalgia los tiempos del secundario, cuando ellos entrenaban en diversos deportes y ellas se lucían como porristas. La motivación la puso la presencia del muy extravagante Richard Simmons, un gurú del fitness y la vida saludable que da clases por televisión siempre vistiendo zapatillas, shorts y llamativas musculosas. Simmons, un obeso recuperado como nuestro Alberto Cormillot, luce un impecable estado físico a sus 60 años y es un verdadero telepredicador del ejercicio aeróbico y la comida sana.

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La obesidad se ha convertido en un flagelo en Estados Unidos. Tras recordarles a los legisladores que «nuestros niños son obesos, están enfermos, tienen diabetes, colesterol, presión alta», Richard Simmons los interpeló: «¿Qué hemos hecho con nuestros niños?». Acto seguido, se quitó el traje y la corbata y, volviendo a su look gimnástico, obligó a los parlamentarios a dejar sus bancas para salir al aire libre al grito de: «¡Transpiren!», una de sus palabras favoritas. La sesión aeróbica duró una hora. No faltaron las ironías en los medios. Algunos dijeron que ésta había sido la semana parlamentaria más activa en mucho tiempo. Y el diario «The Washington Post» se preguntó si perder peso no era un primer paso dado por los congresistas norteamericanos para mejorar una imagen que está por el suelo. En efecto, encuestas de Gallup les dan apenas 14% de aprobación en promedio, bien por debajo inclusive de George W. Bush, uno de los presidentes más cuestionados de los últimos tiempos.

En cuanto a la Argentina, nuestro Congresoha ganado varios puntos con el papel que le tocó cumplir en el conflicto agropecuario. Aun así, no estaría mal atender al ejemplo del Norte. Una visita del carismático Simmons, cuya energía es contagiosa, quizá contribuiría a despabilar a algunos de nuestros representantes, que buena falta les hace. Por caso, y a propósito del tema, todavía no han podido ponerse de acuerdo para aprobar la ley de obesidad.

Aunque, pensándolo bien, es tal vez del lado sindical que habría que mirar ya que, en nuestro país, se diría que la política engorda menos que la lucha gremial, ámbito en el cual, en una época, el sobrepeso hasta definía los alineamientos. Hoy, curiosamente, en momentos en que la política separa a los dirigentes sindicales, el contorno abdominal los une.

Tenemos en primer término a los «gordos», que podríamos llamar históricos, ayer renuentes, hoy alineados con el oficialismo, encabezados por Oscar Lescano, Carlos West Ocampo y Armando Cavalieri. Están luego los « neogordos» o «gordos ultraoficialistas», con Hugo Moyano, Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez en primera línea. Y, por último, han surgido los «gordos disidentes» -o destituyentes, como diría Néstor- con Luis Barrionuevo al frente.

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