Los empresarios argentinos parecen condenados a vivir con su sistema nervioso siempre al límite sin importar si se atraviesa la peor recesión o una etapa de bonanza. El resultado, al parecer, es el mismo: el estrés. Mientras en los peores años de la crisis el principal objetivo de los ejecutivos y empleados era el de conservar su fuente de trabajo, el fuerte crecimiento de la economía no alivia las preocupaciones. En muchos casos, insólitamente, las agrava.
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Tanto es así que, según aseguran los especialistas, las consultas por este tipo de afección se encuentran hoy en niveles superiores a los de 2002, cuando la Argentina colapsó económicamente.
«Hoy las tensiones son mayores y tienen que ver con la exigencia sufrida por los trabajadores y el aumento de la competencia que provoca una economía saludable que convierte a los empresarios en víctimas del estrés, por eso es normal que aumenten las consultas», explicó la psicóloga Ana D. Lewis, a cargo de la Organización de Programas de Entrenamiento para el manejo de Situaciones (OPEMS) que se encarga de asesorar a empresas en situaciones como éstas.
La economía creciendo al ritmo de países como China genera mayores desafíos. Hoy ya no es la preocupación de mantener el empleo, sino la de no quedar al margen de la ola de crecimiento. La búsqueda de un trabajo mejor, un ascenso, un incremento salarial o la posibilidad de obtener el mejor bonus provocan el mismo o más estrés. Incluso en países desarrollados se detectó que los niveles de estrés en los cargos jerárquicos se mantienen elevados.
«Es lógico sufrir tensiones y nerviosismo en cualquier actividad, pero si la persona lo vive como un desafío, es motivador. Ahora, cuando se pasa de determinado nivel -que depende de cada individuo- el estrés es paralizante y no deja actuar. Allí, entonces, se cruzó el nivel óptimo de estrés», señaló la especialista Elsa Cobos de OPEMS.
Días atrás, el presidente Néstor Kirchner utilizó estos argumentos para explicar la fuerte puja entre empresarios y sindicalistas por el nivel de aumentos salariales. «No hay que preocuparse, son las tensiones lógicas del crecimiento», dijo.
«El estrés normalmente es autoinducido, es producto de las presiones de uno mismo. Por eso, en las empresas trabajamos de manera grupal para que las personas aprendan a resolver situaciones que genera el crecimiento.»
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