Con la crisis económica, el crecimiento de los vagabundos se aceleró. Avenidas y calles como Acoyte, Rivadavia, Lavalle, Florida, Avenida de Mayo, albergan a decenas de ellos, que se asientan en sus veredas, con colchones y bolsos. La misma situación se vive en parques y plazas, como la Lorea en Congreso, ubicada entre Sáenz Peña-Paraná y Avenida de Mayo-Rivadavia.
La preocupación no es menor. Según estadísticas oficiales, un muy alto porcentaje de linyeras y vagabundos presentaría graves deterioros físicos y psíquicos. En 2001 se determinó que del total de «homeless» registrados por las autoridades porteñas, 70% se encontraría en esas condiciones. Además, alrededor de 63% representaría el bloque de los «crónicos» (que llevan un tiempo considerable viviendo en la calle) y 37% de los llamados «leves» (son los empujados a vivir en la calle por la situación económica, como la pérdida de empleo).
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