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22 de febrero 2008 - 00:00

En EE.UU. la familia está matando al golf

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Tiger Woods
¿Muerte, recesión, decadencia o enfermedad pasajera? Esto es lo que se preguntan los expertos en el momento de explicar lo que está pasando en Estados Unidos con uno de los deportes preferidos por empresarios, ejecutivos y la comunidad de negocios en general: el golf. El diario «The New York Times» revela en su edición de ayer que se verifica una aguda caída en número de personas que practican el juego, que en poco más de un lustro pasó de 30 millones a 26 millones, a pesar del obvio crecimiento vegetativo de la población de ese país. La cifra la proporcionan la National Golf Foundation y la Sporting Goods Manufacturers Association (Asociación de Fabricantes de Artículos Deportivos). La estadística se complementa con un dato aun más preocupante: el número de quienes juegan al menos 25 veces al año (o sea una vez cada dos semanas) se redujo de 6,9 millones en el año 2000 a los actuales 4,6 millones, una baja de cerca de 33% en el número de fanáticos.

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Una de las explicaciones que se ofrecen es que el deporte es uno de los que más tiempo requiere de sus aficionados, y para muchos es muy difícil (aunque tentador, en casos) pasar todo un día lejos de sus familias. Se sabe que un recorrido insume al menos cuatro horas, tiempo durante el cual, además, en muchas canchas está prohibido usar el celular. Este último también es un impedimento no menor para los empresarios. A esto se suma que la sobreoferta de canchas no fue acompañada por un crecimiento similar de la demanda.

Para intentar revertir esta crisis, los dueños de links comienzan a pensar en formar « cooperativas» (clubes de compras, en realidad) para reducir costos en la adquisición de carritos, fertilizantes y otros elementos comunes a todos. También están utilizando las instalaciones (club houses y hasta los links) para fiestas como bodas, cumpleaños, bautismos y «bar mitzvás». Por caso, un aristocrático club de golf de Long Island (afueras de Nueva York) instaló de forma permanente una carpa de 1.200 m² para albergar esta clase de eventos sociales.

Sin embargo, el deporte que tiene a Tiger Woods como estrella máxima no está solo en esta declinación: el diario indica que también le sucede a otras actividades al aire libre como el tenis, la natación, andar en bicicleta o el ski, que «pierden» ante pasatiempos como el skateboard o los juegos electrónicos. El gradual envejecimiento de la población de Estados Unidos -lo mismo que en el resto de los países más desarrollados-y la menor actividad de las nuevas generaciones también influye.

De todos modos, el golf parecía inmune a estos vaivenes porque -según se dice- «uno nunca abandona el golf, que es adictivo». Error: cada año unos tres millones de jugadores lo dejan, una cifra mayor que la de quienes comienzan a jugar. Ni siquiera una campaña de dos años para recuperar al menos a parte de ellos tuvo éxito alguno.

Y como si esto fuera poco, entre 1990 y 2003 se construyeron más de 3.000 canchas de golf nuevas en Estados Unidos, lo que llevó el total a unas 16.000. Desde entonces, varios centenares cerraron sus portones, sobre todo en los estados de Arizona, Florida, Michigan y Carolina del Sur. Y cientos más se ofrecen en venta en el site de la National Golf Course Owners Association.

Ejemplo: «Propiedad en Carolina del Norte; dos canchas de 18 hoyos categoría campeonato, rodeadas de bellísimos paisajes de montaña; rentable; ingresos anuales de u$s 1, 5 millón».

Sin embargo, el problema mayor es el compromiso familiar de los jugadores; por eso muchos campos de golf -algo que ya sucede en muchos clubes argentinos- están redefiniendo sus instalaciones para ofrecer actividades para la esposa y los chicos de los jugadores.

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