5 de agosto 2008 - 00:00
En el mundo se usa tobillera sólo para los delitos menores
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Las tobilleras que se colocan a los presos no pueden sacarse
o romperse sin que el sistema lo detecte.
«En el caso de Angel Fernández, a quien se acusa del cuádruple asesinato de la familia Mansilla, la empresa telefónica le cortó la línea el 12 de julio por falta de pago. Le avisamos al SPB, que a su vez le habría dado curso al juez.
No podemos decir por qué no se actuó, pero le repito que no fue una falla del sistema sino de algún integrante de la cadena humana».
Cabe recordar que Fernández estaba con tobillera (arresto domiciliario) desde hace un año, a pesar de tener una condena a perpetuidad por violación seguida de muerte.
Gozando de libertad condicional -que obviamente violó cometiendo este delito- se lo encontró en posesión de un arma. El juez le impuso arresto domiciliario a pesar de su prontuario.
Juárez dice que «el servicio telefónico está interrumpido en esa casa desde el 12 de julio, y los crímenes se cometieron el día 24...». Agrega que a pesar del corte de la línea, en el domicilio se instala una «caja negra» que registra todo lo que sucede con la pulsera (intentos de removerla; violación de la restricción de dejar el perímetro, etc.). «Fernández, según registró la caja negra, entró y salió todos los días a partir del 12, y el 24 -el día de los asesinatos- detectó que la había cortado», revela el ejecutivo.
«La tobillera está pensada para gente no peligrosa, no reincidente, que han cometido delitos menores... En ninguno de los países donde se lo utiliza (el principal cliente de Elmo Tech es Estados Unidos) se le pone a un criminal peligroso», afirma Juárez. Cuenta como ejemplo el caso de una mujer que fue golpeada durante años por su esposo, que también castigaba a sus hijos chicos. «Un día, después de haber sido atacada brutalmente por su pareja, lo mató. El juez, con muy buen criterio creo yo, le impuso prisión domiciliaria con control electrónico: si la hubiera mandado a la cárcel, los chicos habrían quedado solos, a la buena de Dios...».
El empresario aclara que el sistema no funciona como un GPS justamente porque «no está previsto que el reo deje su domicilio, así que no hay necesidad de monitorear dónde está más allá de esa ubicación».
El sistema le cuesta a la provincia $ 27,60 por día y por reo, un monto seguramente inferior a lo que debería gastar si ese mismo preso estuviera en una cárcel. La licitación prevé el uso simultáneo de hasta 300 tobilleras.



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